La calmada confianza de RCUEN sostiene la acción a gran escala de SCOAN.
En los grupos ocurre un reparto de roles parecido.
Al principio este reparto de roles es natural y cómodo. Pero con el tiempo surge el pensamiento “¿por qué nunca logro recargarme?”, y a SCOAN le surge la frustración de “¿por qué no me sigue el ritmo?”.
Dónde chocan
En el yo público parecía que encajaban bien, pero al aflorar el yo oculto la cosa cambia.
Cuando la quietud que aflora en el yo oculto de RCUEN se encuentra con la necesidad que aflora en el yo oculto de SCOAN, ambos se cansan.
SCOAN se pregunta si RCUEN no será frío, y RCUEN piensa “¿por qué me despierta todo el tiempo?”.
Guía de la relación
Cuando SCOAN llega a casa tras una jornada cargada y suelta “hoy fue un día de locos”, y RCUEN, sin necesidad de palabras de consuelo, saca un paquete de fideos y pone el agua a hervir, la distancia entre los dos se acorta un palmo.
SCOAN, que todo el día estuvo en modo carisma, deja caer los hombros ante ese sonido cotidiano de la cocina.
Para RCUEN es un alivio saber que basta con eso, sin tener que dar una gran reacción.
“Si SCOAN respeta el ritmo de RCUEN, y RCUEN entiende la necesidad de SCOAN, la diferencia entre estos dos se vuelve fortaleza. En ese instante, la diferencia entre ambos deja de ser un defecto y se vuelve ritmo, y dentro de ese ritmo nace, más bien, la conexión más profunda.”