En su faceta pública, a medida que sacan el trabajo adelante juntos, se reparten bien las tareas.
SCOEI asume el rol de cara al exterior y RCUEI consolida lo interno.
Al principio ese reparto es natural y cómodo. Pero con el tiempo surge el pensamiento “¿Por qué nunca logro recargarme?”, y a SCOEI le queda la frustración de “¿Por qué no me sigues el ritmo?”.
Dónde chocan
En el yo público parecía que encajaban, pero cuando aflora el lado oculto, la cosa cambia.
Cuando la quietud que asoma en el lado oculto de RCUEI se encuentra con la necesidad que asoma en el lado oculto de SCOEI, ambos terminan agotados.
SCOEI mira a RCUEI y se pregunta “¿no será frío?”, y RCUEI mira a SCOEI y piensa “¿por qué insistes en despertarme?”.
Guía de la relación
Cuando SCOEI, eufórico tras una reunión, manda cinco fotos seguidas por chat, y RCUEI responde un buen rato después con una sola frase “esa segunda foto, ¿dónde es?”, la distancia entre ambos se acorta un palmo.
SCOEI descubre que la respuesta breve de RCUEI es, inesperadamente, la mirada que lo ve con más exactitud.
RCUEI agradece que SCOEI no se moleste aunque tarde en responder.
“Si RCUEI comprende que ‘SCOEI no me empuja, sino que me guía’, y SCOEI comprende que ‘el silencio de RCUEI no es rechazo, sino confianza’, los dos pueden complementarse. En ese instante, su diferencia deja de ser un defecto y se vuelve ritmo, y dentro de ese ritmo nace la conexión más profunda.”