Lo mío es enlazar personas e ideas
¿Qué yo oculto eres tú?

En tu cabeza siempre se va dibujando un mapa de conexiones. La corazonada de que si esta persona conoce a aquella surgirá algo, la sensación de que si esta idea se junta con aquel campo puede nacer algo nuevo. No lo construyes a propósito: simplemente lo ves. Eres de quienes ven primero la línea entre los puntos. Y sientes verdadera alegría al unir esa línea de verdad.
Ves la línea entre los puntos. Justo esa línea que nadie había conectado.
A la gente le gusta estar a tu alrededor. La conversación fluye fácil y cómoda, y la incomodidad no dura mucho. Si estás presente, hasta entre desconocidos surge enseguida una corriente. Como eres emocionalmente estable, tienes la holgura para acoger a la otra persona venga en el estado que venga. Esa holgura le da tranquilidad a la gente. A tu lado sienten que pueden pensar y hablar con más libertad.
Eres de los que encajan mejor con el flujo que con el plan. No sabes cómo será hoy, pero en algún lado empieza una conversación interesante. De esa conversación surge una idea nueva, y cuando el día se te llena conectándole esa idea a alguien, te sientes en tu mejor momento. Aunque no tengas un plan concreto, en tu día siempre pasa algo. Porque si hay gente, eso basta para motivarte.
Tu curiosidad es amplia. Más que cavar hondo en un solo campo, disfrutas cruzar de un campo a otro buscando patrones comunes o descubriendo cruces inesperados. Tecnología, arte, psicología, negocios, ciencia: en cualquier parte ves un punto interesante y te brota el impulso de conectarlo con otra cosa. Tu creatividad no funciona cavando hondo en un solo pozo, sino tendiendo cauces de agua entre varios pozos.
Tu capacidad de unir a personas que no se conocían, y de encontrar qué tienen en común ideas que parecían dispersas, es sobresaliente. Esa conexión crea a veces un nuevo proyecto, a veces un vínculo para toda la vida, a veces una solución innovadora. Este instinto no viene de un entrenamiento, sino de la manera misma en que tu cerebro percibe el mundo. Eso te convierte no en alguien que solo hace contactos, sino en un núcleo creativo.
Aunque llegue una situación inesperada, no te aturdes. Aunque no haya plan, aunque la situación cambie, encuentras rápido qué puedes hacer en este preciso instante. Brillas en las situaciones donde la improvisación se vuelve una fortaleza. Te adaptas rápido a entornos nuevos y, alternando con gente diversa, cubres con naturalidad el rol que haga falta.
Puedes crear enseguida una conversación cómoda incluso con un desconocido. Tienes la holgura de acoger al otro sin juzgar, venga en el estado que venga, y eso hace que la gente se muestre a tu lado. Esta apertura te permite conectar con personas de orígenes y perspectivas diversas, y esa misma diversidad alimenta tu creatividad.
Disfrutas proponiendo nuevas perspectivas y experimentando con unir dos cosas que nadie había conectado. En una sesión de lluvia de ideas, tu presencia amplía la energía y las posibilidades del conjunto. Tu actitud de que no importa equivocarte con una idea actúa como catalizador para que quienes te rodean piensen con más libertad.
Empezar es fácil y encontrar un nuevo interés a medio camino también lo es, pero cerrar una sola cosa hasta el final cuesta. Una vez pasada la fase inicial de un proyecto, se repite el caso de que se enfría el entusiasmo y tu energía se traslada a otra cosa. Como resultado, se acumulan asuntos a medio terminar, y eso puede instalarse como un patrón que va minando tu sensación de eficacia personal.
Como te interesan muchas cosas, sabes de muchos temas, pero te cuesta alcanzar la profundidad de un experto en un solo campo. Esto a veces vuelve difícil explicar, en tu carrera, “¿qué es exactamente lo que esta persona sabe hacer?”. Conectas muy bien, pero construir, en el centro de esa conexión, una especialidad propia y sólida se convierte en una tarea a largo plazo.
Pierdes la motivación de golpe en las rutinas repetitivas, los procesos rígidos y los entornos sin cambios. Sueles chocar con los sistemas o los trámites administrativos de la organización, o te surge la tendencia a esquivarlos. En entornos libres das tu mejor rendimiento, pero, en las situaciones que requieren estructura, crear esa estructura por tu cuenta te exige una gran energía.
Se te da bien crear conexiones, pero a veces se te agota la energía a la hora de mantenerlas y gestionarlas. Muchas veces se te escapa el seguimiento: si las dos personas que presentaste de verdad se reunieron, qué pasó con la idea que propusiste. Si se repite el patrón de plantar buenas semillas y no regarlas, el valor de las conexiones que creaste no llega a cobrar vida del todo. Pero regar no es cuestión de talento, sino de mecanismos. Con el pequeño hábito de ponerle a esa lista de semillas un recordatorio para una semana después, las conexiones que creaste cobran vida y reciben la oportunidad de dar fruto.
Pistas, no veredictos. Quédate solo con lo que te atraiga.
El MBTI y este test miden la personalidad de forma distinta, así que no es una conversión exacta. Úsalo como referencia para comprender ambos resultados en conjunto.
Ver la página del MBTI ENTJ →Motivaciones y comportamiento según la situación. Cuantas más preguntas respondas, más completa será la imagen.
Lo conseguido se siente como su identidad
No es una afirmación tajante, sino una tendencia que se observa con frecuencia en personas del mismo código.
Alguien cuyos modos se separan con claridad según dónde esté.
Hay mucha variación individual; tus propias respuestas tienen prioridad.
En el amor brillas más al principio. Tu curiosidad por el otro estalla y vuelcas energía sin límite en crear juntos nuevas experiencias. Un restaurante que ves por primera vez, un plan inesperado, una aventura improvisada. El tiempo contigo no es aburrido. Tienes una curiosidad real por la persona en sí, y disfrutas ir descubriendo continuamente cómo es tu pareja.
Necesitas una pareja que entienda tu energía libre y que pueda disfrutarla contigo. Alguien que, en vez de “¿por qué eres tan voluble?”, te pregunte “¿y qué se te ocurrió hoy?”. Te va bien una pareja con curiosidad intelectual, que no le tema a las experiencias nuevas y que reciba los cambios espontáneos como una aventura. Al mismo tiempo, también necesitas la estabilidad de alguien que pueda centrarte con suavidad cuando tu energía se dispersa.
Has vivido la experiencia de que la intensidad del inicio de la relación se enfríe en algún punto. Al principio esta persona te parece fascinante y todo lo que hacen juntos se siente nuevo, pero, con el tiempo, cuando esa frescura disminuye, también baja tu energía hacia la relación. Además, tiendes a compartir más fácilmente lo intelectual y lo vivencial que la profundidad emocional, así que puede darse el caso de que tu pareja sienta: “no sé si de verdad hay conexión emocional entre nosotros”.
Aprender que la profundidad de una relación no se crea en la novedad, sino en la repetición, es una tarea de crecimiento importante. Se trata de elegir de forma consciente mantener la conexión incluso con una persona que ya conoces bien y en una cotidianidad que ya no es nueva. Tienes que ir aprendiendo que elegir a esa persona aunque la emoción se enfríe es una forma más profunda de amor. Además, necesitas practicar cómo compartir tu estado emocional con tu pareja de forma más honesta. Tanto como las historias y las ideas interesantes, compartir cómo está tu corazón ahora mismo es lo que crea la verdadera intimidad.
Cuando la frescura de la relación mengua y se repite el patrón cotidiano, sientes que se te va la energía por dentro. Cuando tu pareja parece haber perdido el interés en tus ideas o exploraciones, o te llega una reacción del tipo “otra vez con eso”, se te detona una sensación de desconexión emocional.
En vez de expresar tu malestar directamente, vas redirigiendo tu energía hacia nuevas conexiones o proyectos y te retiras de la relación con naturalidad. La frecuencia de las conversaciones disminuye, los encuentros se vuelven superficiales, y muchas veces es la otra persona quien percibe primero el cambio.
Cuando ha pasado suficiente tiempo, intentas reactivar la relación de forma natural trayendo una experiencia nueva o un tema de conversación distinto. Más que abordar el conflicto de frente, eliges recrear la sensación de aquella conexión buena. Más que ordenar a fondo lo emocional, una nueva experiencia compartida es tu lenguaje de reconciliación.