

Cuando se encuentran RCOEN, que lo ve todo en silencio desde atrás, y SLOAN, que da un paso al frente y produce resultados, uno arma el tablero y el otro lo hace girar. Si quedan para hablar de trabajo encajan de verdad, pero cuando pasan a hablar de sentimientos se desfasan un poco.
RCOEN no suele soltar su opinión. Lo ve todo y lo sabe todo, pero no lo dice. A SLOAN al principio eso le resulta curioso. "No sé qué piensa esta persona, pero si suelta una frase, da en el clavo." Para trabajar esto le viene de verdad bien. SLOAN decide y SLOAN presenta, pero que RCOEN señale una o dos cosas desde el lado cambia la textura de la decisión. Cuando hacen rodar un proyecto juntos, el resultado sale sólido.
SLOAN quiere que se vea lo que ha hecho. Si lo hizo bien, necesita oír que lo hizo bien para seguir adelante. Pero RCOEN no suele elogiar. No es que no sepa, sino que por dentro ya lo sabe todo, así que no se molesta en decirlo con palabras. A SLOAN eso le frustra. "He hecho todo esto, ¿y ni una palabra?". Y RCOEN piensa "¿hay que decirlo por fuerza con palabras?". Para uno el silencio es reconocimiento, pero para el otro el silencio es indiferencia.
El buen momento es cuando SLOAN llega tras terminar un trabajo grande y RCOEN, sin decir mucho, le tiene preparada una comida. SLOAN siente en esa comida que RCOEN lo estaba mirando. RCOEN, que normalmente es callado, ese día se queda sentado a su lado más rato de lo habitual.
“Si RCOEN suelta de vez en cuando aunque sea una palabra, SLOAN se tranquiliza. Y si SLOAN entiende que el silencio de RCOEN no es indiferencia, se siente menos solo. Entenderse sin decirlo todo es algo que llega después de haberse acercado de verdad. Antes de eso, hay que soltar algo.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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