

Cuando RCUAI, trotamundos empático y tranquilo, se cruza con RCUEN, un amante de la calma que parece un fantasma, uno trata de cuidar de alguien y el otro ya no está.
El RCUAI es lento, pero cálido. El RCUEN es sereno, pero transparente. Aunque estén juntos, el RCUEN es como el aire. Cuando el RCUAI quiere buscar a alguien, el RCUEN ya se ha ido a la habitación de al lado. No hay choque, pero tampoco hay conexión. Cuando uno intenta dar calidez, el otro es como si ya no estuviera allí.
La empatía del RCUAI empieza por recordar a alguien. Al RCUEN le disgusta que lo recuerden. Cuando uno tiende la mano, el otro ya se le ha escurrido entre los dedos. El impulso de acercarse y el de alejarse se desencuentran sin parar.
Cuando estos dos están juntos, casi todo es silencio. Pero no es un silencio cómodo, sino un silencio en el que no logran encontrarse. El RCUAI quiere abrazar a alguien y el RCUEN quiere escaparse de esos brazos.
“Quizá estos dos sean personas con un desfase de tiempo. Uno se acerca despacio y el otro ya se ha ido antes de que llegue. Para poder encontrarse, hace falta que uno espere y que el otro tenga el valor de volver.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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