

Ambos son personas que buscan conseguir lo que quieren, pero uno lo muestra y el otro lo oculta.
Los dos tienen sentido de la realidad y seguridad, así que conversan cómodamente incluso en un primer encuentro. SCOEN fija la dirección con estrategia, y SCUAN va con él si ese rumbo es el camino que quiere. Al trabajar, ambos son del tipo que se mueve mirando los resultados, así que todo avanza limpio desde fijar el objetivo hasta ejecutarlo. Cuando SCOEN quiere ser respetado, SCUAN también asiente con facilidad: "vale, te seguiré".
En algún momento SCOEN se da cuenta de algo. De que SCUAN parecía seguirlo, pero en realidad estaba aprovechando sus planes. SCOEN quiere mostrarlo todo, pero SCUAN no enseña sus cartas. Cuando SCOEN pregunta "¿qué es lo que quieres?", SCUAN responde "lo que tú quieres". En ese instante, SCOEN ya no sabe si lo siguió o si lo usó.
El momento más seguro es cuando toman un café juntos. SCOEN elige del menú y SCUAN lo sigue disimuladamente, y al menos durante esa taza no andan midiendo quién lleva el mando. Esos treinta minutos sentados frente a frente con el móvil apartado, esa zona neutral en que ambos pliegan un momento sus cartas, es la intimidad de estos dos. Aunque al salir de la cafetería vuelvan enseguida cada uno a su calculadora.
“Si estos dos se comprometen a no sospechar de las intenciones del otro, tienen razón de sobra para estar juntos.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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