

Estos dos tienen la misma quietud, pero por razones distintas. RCOEN observa y SCUAI se deja fluir.
Cuando trabajan, RCOEN capta la situación en silencio y SCUAI se mueve con calidez dentro de ella. Como ambos son estables emocionalmente, en el fondo todo avanza sin tropiezos. Cuando se encuentran el silencio de RCOEN y la dulzura de SCUAI, el trabajo avanza con naturalidad. Eso sí, cuando RCOEN solo se dedica a observar, SCUAI puede inquietarse.
El lado oculto de RCOEN halla seguridad en reunir información y juzgar, y el lado oculto de SCUAI halla seguridad en aceptar el aquí y ahora. Cuando RCOEN dice "creo que esto hay que mirarlo un poco más", SCUAI responde "con esto ya está bien, ¿no?". A RCOEN la receptividad de SCUAI le parece falta de responsabilidad.
A la hora del almuerzo entre semana, los dos van a una pequeña cafetería cerca de la oficina, piden cada uno un sándwich, miran un momento el móvil y luego solo contemplan la calle por la ventana. En una hora se cruzan unas cinco frases. SCUAI dice "hoy hace buen día" y RCOEN responde con un "sí" y un asentimiento, y nada más, pero ese rato es para ambos el más cómodo. SCUAI acepta el silencio de RCOEN, y a RCOEN le basta con la cálida presencia de SCUAI: son de los que no necesitan llenar el rato.
“Si RCOEN aprende la receptividad de SCUAI y SCUAI respeta la prudencia de RCOEN, los dos pueden complementarse. Porque la profundidad y la serenidad son ambas valiosas.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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