

Ambos tienen un caminar libre, pero SCUAI lleva una brújula que se llama calidez y SCUEN no tiene brújula.
Estos dos son de lo más natural cuando están juntos. Como ninguno tiene planes, con un "vamos y ya está" basta, y como ninguno juzga a la gente, están cómodos en cualquier sitio. Si SCUAI deja escapar algo de calidez, a SCUEN le basta con estar dentro de esa calidez. Se ven aunque no haya planes, no se dolen aunque no haya mensajes, son simplemente dos personas que se sienten bien cada vez que se ven.
Mucho después, cuando SCUAI dice "oye, aquella vez hablamos de esto", SCUEN responde "¿eh?". SCUAI había guardado un significado en aquella conversación, pero SCUEN simplemente disfrutó del momento. SCUAI siente que SCUEN "parece olvidarme siempre", y SCUEN siente que SCUAI "parece querer algo siempre". El esmero de SCUAI puede llegar a ser una carga para SCUEN.
Lo mejor es cuando se cruzan por casualidad. Esos cinco minutos en el paseo del barrio en que se encuentran con un "¡anda, eres tú!", la ligereza de saludarse con la mirada desde la mesa de enfrente de la cafetería. Cuando hacen planes, SCUAI siempre les pone significado y a SCUEN eso se le hace pesado. Son dos personas que no necesitan igualar la velocidad de respuesta de los mensajes. Por eso, aunque se vean dos veces al año, no resulta incómodo.
“Cuando estos dos se prometen no prometerse nada, es cuando más pueden durar.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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