

Cuando se encuentran el callado RCOAI y SLUEN, que arde de golpe, uno se va haciendo profundo despacio y el otro se ilumina rápido. Las velocidades son tan distintas que al principio marea un poco.
Apenas entra a un lugar, SLUEN le cambia el clima. Hace reír, charla, improvisa. RCOAI escucha quieto a su lado. Habla poco, pero escucha con una fibra tan profunda que recuerda un chiste de SLUEN por más tiempo que el propio SLUEN. A SLUEN eso le parece curioso. Los demás solo oyen y dejan correr lo que dice, pero esta persona es distinta. RCOAI también, al lado de SLUEN, se ríe un poco más que de costumbre. Cuando van juntos a una cafetería, sale seguido la escena de SLUEN charlando y RCOAI tomando notas.
A RCOAI le toma tiempo conocer a la gente. Mira despacio y abre el corazón despacio. Pero con la velocidad de SLUEN eso no funciona. Si se ven hoy, hoy lo vuelca todo, y la semana que viene ya está en otro lado. RCOAI recién está empezando a abrir el corazón y ya ve que el otro está frío. SLUEN no es que se enfrió, simplemente pasó al siguiente capítulo, pero para RCOAI eso significa lo mismo.
El buen momento es ese instante en que SLUEN, tras charlar entusiasmado un buen rato, de pronto se queda callado. RCOAI no rompe ese silencio y simplemente se queda a su lado. Para SLUEN es raro tener un lugar donde no necesita charlar, así que este lado le resulta algo especial. Si de madrugada SLUEN propone de manera impulsiva salir a caminar, RCOAI lo acompaña.
“RCOAI no tiene que intentar acompasarse del todo a la velocidad de SLUEN; puede ir a la suya. Y SLUEN también, si sabe que RCOAI lo sigue despacio, se siente menos solo. El camino que se anda juntos no tiene por qué ser siempre a la misma velocidad.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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