
Últimamente todo me da pereza y estoy agotado
quizá no es pereza, sino burnout
¿Descansaste todo el fin de semana y aun así el lunes en la mañana pesa tanto como el viernes en la noche? Quizá no es pereza, sino que se te acabó el combustible, y aquí te cuento por qué descansar no te recarga y cómo tapar los lugares por donde se te escapa la energía.
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El sábado dormiste hasta la tarde y el domingo te echaste a ver una serie de corrido. Descansaste dos días, sin duda, pero cuando suena la alarma del lunes, tu cuerpo sigue igual que el viernes en la noche. Ni la noticia del plato nuevo en ese local de tteokbokki que tanto te gustaba ni el plan de viaje que alguien subió al chat grupal te mueven nada. Empiezas a escribir una respuesta y terminas apagando la pantalla. Y entonces piensas: “¿Por qué últimamente me da tanta pereza todo?”.
Este artículo es para volver a leer esa pereza. Vamos a ver en qué se diferencian la pereza y el burnout, por qué descansar no te recarga y qué conviene revisar antes de sumar más descanso.
A la pereza le faltan ganas; al burnout, combustible
Por fuera se parecen. En los dos casos no te mueves, aplazas las cosas y te quedas en la cama. Pero por dentro son opuestos. La pereza es un estado en el que hay combustible, pero no hay ganas de usarlo. El burnout es un estado en el que todavía quedan ganas de hacer las cosas, pero no hay combustible para usar. Por eso, cuando estás en burnout, ni siquiera descansando te sientes bien. Sabes que tienes que hacer las cosas, pero el cuerpo no te sigue.
Si tienes dudas, pregúntate esto: ¿qué pasaría si todo lo que tienes que hacer hoy desapareciera de repente? Si se parece más a la pereza, junto con el alivio se te ocurren cosas que te gustaría hacer. Si se te acabó el combustible, aunque desaparezcan los pendientes, la energía no vuelve, y hasta un día vacío se siente pesado.
El burnout suele llegarles a quienes aguantaron mucho tiempo y con mucha responsabilidad. Cuanto más hiciste lo tuyo hasta el final, más aceptaste los favores que te pedían y menos mostraste que la estabas pasando mal, antes se te gasta el combustible. No es por pereza, sino por haber quemado durante demasiado tiempo.
Estas personas no suelen darse cuenta de que el combustible se va acabando. Cuando algo les cuesta un poco, lo compensan esforzándose más, y como eso les funciona, siguen aguantando. Hasta que un día sienten que se detuvieron de golpe, cuando en realidad se venían vaciando poco a poco desde hacía mucho.
Revísalo por tu cuenta
Estas preguntas sirven para ver a qué lado se parece más tu cansancio de estos días.
- Aunque descanses todo el fin de semana, el lunes en la mañana pesa tanto como el viernes en la noche.
- Ni la comida, ni los pasatiempos, ni las personas que te gustaban logran moverte mucho.
- Cosas que antes dejabas pasar ahora te irritan o, al contrario, no te provocan nada.
- Aunque termines de trabajar, el interruptor de tu cabeza no se apaga.
- Y aun así, la gente a tu alrededor te dice “últimamente te ves bien, ¿no?”.
- Más que no tener ganas de nada, sientes que no tienes fuerzas ni para pensar en qué te gustaría.
Si varias coinciden, se parece más a haberte quedado sin combustible que a la pereza. Si solo son una o dos, puede ser un cansancio pasajero, pero aun así, si revisas ahora por dónde se te escapa la energía, puedes evitar llegar al fondo. La quinta frase merece especial atención. Que por fuera parezcas estar bien puede significar que el poco combustible que te queda lo estás usando primero en mantener tu yo de afuera.
Si descansar no te recarga, es porque algo se está escapando
Que descanses y no te recuperes no es solo porque te falte descanso. Se parece a echar agua en un recipiente con un agujero en el fondo. Si entre semana se escapa lo mismo que llenaste el fin de semana, por más que aumentes el descanso, el nivel no sube. Por eso, en el burnout, encontrar las fugas es tan importante como sumar descanso. Los lugares por donde el combustible se escapa con más frecuencia son, a grandes rasgos, tres.
- El costo de mantener el yo de afuera. Si por dentro te sientes mejor a solas, pero afuera siempre te toca el papel de la persona alegre y atenta, mantener ese papel te consume combustible todo el día. Como quien siempre anima el ambiente en las reuniones o siempre es la primera en contestar en el chat grupal. Cuanto más lejos están el yo de afuera y el yo de adentro, mayor es este costo.
- El costo de cargar con las emociones de los demás. El matiz de cooperación alta carga como si fueran propios el mal humor de un compañero, los problemas de una amiga o las preocupaciones de la familia. Tu trabajo ya terminó, pero las emociones de los demás no salen de la oficina.
- El costo de las cosas que no puedes decidir. Cuando pasas mucho tiempo en un trabajo en el que otra persona decide los plazos, el método y el orden, te desgastas mucho más rápido con la misma cantidad de trabajo. El cansancio de escribir un informe en el orden que tú eliges no tiene nada que ver con el de escribir el mismo informe recibiendo instrucciones que cambian de rumbo tres veces.
Si la dirección en la que te recargas no es la tuya, también hay fugas. Si el matiz que se recarga entre la gente cancela todos sus planes por cansancio y se queda a solas, se hunde más, y si el matiz que se recarga a solas sale a una reunión para distraerse, se desgasta más. La forma de descansar también tiene que ir con tu matiz para que de verdad sea descanso.
Detenerse no es lo mismo que recargarse
Volvamos a la escena del principio. Pasaste todo el fin de semana en la cama viendo una serie, ¿por qué no te recargaste? Quedarte en la cama es detenerte. Es un estado en el que ya no gastas más. Pero recargarte es otra cosa. Es un sueño que deja el cuerpo liviano, la luz del sol, una conversación tranquila con alguien que quieres, esa pequeña satisfacción de terminar algo hasta el final.
El tiempo que pasas deslizando el dedo por el celular deja el cuerpo quieto, pero sigue entrando información por los ojos y la cabeza. Aunque parezca que te detuviste, sigues gastando un poco. Por eso, para salir del burnout, tienes que separar el tiempo de detenerte del tiempo de recargarte y cuidar los dos. Si solo alargas el tiempo de detenerte, quizá no sigas bajando, pero tampoco logras subir. Si no sabes qué es lo que te recarga a ti, recuerda algún momento reciente en que te hayas sentido, aunque sea un poco, con la cabeza despejada. Ahí hay una pista.
Cinco maneras de empezar tapando las fugas
- Elige solo la fuga más grande y redúcela un poco. Si lo que más se escapa es cargar con las emociones de los demás, ponle un final a esas llamadas largas para escuchar problemas después del trabajo. “Hoy estoy un poco sin energía, así que te escucho hasta aquí. Lo retomamos el fin de semana.” No hace falta que te sientas culpable. Escuchar con un final ya decidido es, al contrario, la manera de poder escuchar durante más tiempo.
- Apaga tu yo de afuera en un momento del día. Por ejemplo, almorzando a solas o sin contestar ningún mensaje camino al trabajo. “Hoy almuerzo a solas, que tengo unas cosas que ordenar.” Con eso basta. Esa hora se convierte en el único momento del día en que te bajas del papel.
- Crea una casilla que puedas decidir tú. Si no puedes cambiar toda tu agenda, busca una sola casilla que puedas negociar. “De los dos pendientes que vencen el viernes, ¿podría pasar uno al lunes en la mañana?” Aunque sea una sola casilla, si queda en tus manos, el mismo trabajo te desgasta menos.
- En vez de lo que te gustaba, empieza por llenar los sentidos. Cuando ni los pasatiempos te mueven, no hace falta que te obligues a disfrutarlos. Empieza por cosas que no requieren pensar, como caminar diez minutos al sol, darte un baño largo con agua caliente o comer una comida bien servida. Es la unidad más pequeña de ese recargarse del que hablaba antes. Primero tienen que volver los sentidos para que las ganas regresen también a lo que te gustaba.
- Prueba cambiar una vez la dirección en la que te recargas. Si descansaste a solas y te hundiste más, prueba una caminata corta con una amistad con la que estés a gusto; si viste gente y terminaste con menos energía, el próximo fin de semana elige estar a solas. Con cambiarla solo dos veces, ya se ve cuál es tu dirección.
No lo leas de esta manera
No uses la palabra burnout como una declaración de que “ya no sirvo para nada”. Que se te haya acabado el combustible también quiere decir que se puede volver a llenar. Las preguntas de arriba tampoco son un criterio para juzgarte, sino una razón para soltar el reproche de que eres una persona floja. La recuperación tampoco llega de una sola vez. Si después de un día bueno vuelve un día pesado, no significa que hayas retrocedido.
Pero si se repiten los días en que te cuesta dormir o, al contrario, duermes demasiado, si tu apetito cambió mucho y si desde hace semanas te cuesta sacar adelante lo básico del día, como ir a trabajar o las tareas de la casa, quizá no sea algo que se resuelva descansando a solas. Habla con un médico o con un profesional de la psicología. A veces ese es el camino más rápido para volver a llenar el combustible.
No es pereza, es que aguantaste mucho tiempo
Si al yo que está agotado lo llamas perezoso, hasta el descanso se vuelve un castigo. Si vas tapando las fugas una por una y te recargas de una manera que va con tu matiz, el mismo fin de semana empieza a devolverte algo distinto poco a poco. Si descansar en sí te resulta incómodo, lee Culpa al descansar, y si se te escapa el combustible porque no sabes negarte a lo que te piden, lee también Cuando no sabes decir que no. Si en el test de personalidad gratuito miras por separado cómo eres frente a los demás y cómo eres a solas, verás con un poco más de claridad por qué rendija se te estaba escapando el combustible.
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