La confianza serena de RCUAI sostiene la acción a lo grande de SCOEI.
En las reuniones también ocurre un reparto de roles parecido.
Al principio ese reparto de roles es natural y cómodo. Pero con el tiempo aparece el pensamiento “¿por qué no consigo recargarme nunca?”, y a SCOEI le queda la espina de “¿por qué no me sigues el ritmo?”.
Dónde chocan
Pensaban que en su faceta pública encajaban bien, pero cuando aflora su lado oculto, todo cambia.
Cuando la quietud que asoma en el lado oculto de RCUAI se encuentra con la necesidad que asoma en el lado oculto de SCOEI, los dos terminan agotados.
SCOEI mira a RCUAI y se pregunta “¿no será frío?”, y RCUAI mira a SCOEI y piensa “¿por qué me despierta todo el rato?”.
Guía de la relación
Cuando SCOEI vuelve de una reunión y se deja caer en el sofá, y RCUAI, sin decirle nada, solo le baja el volumen del móvil, la distancia entre los dos se acorta un palmo.
Para SCOEI, el silencio después de un día entero hablando es el mayor consuelo.
Para RCUAI, tener al lado a alguien que no le rompe el ritmo es un alivio.
Comer ramen a altas horas de la noche, intercambiando solo alguna que otra palabra, es suficiente.
“Mientras los dos no olviden ese punto en común que es la ‘serenidad’, las diferencias de la superficie no son más que cuestión de ritmo. En ese instante, su diferencia deja de ser un defecto y se convierte en ritmo, y dentro de ese ritmo nace, justamente, la conexión más profunda.”