

Cuando SCOEI, al que no se le acaban las ideas, se encuentra con SLUEN, que lo quema todo de golpe, ambos se llevan todo el ambiente de un primer encuentro. Los primeros días son realmente emocionantes, pero al cabo de un tiempo la cantidad de energía que les queda a cada uno es distinta.
SCOEI lanza ideas sin parar entre la gente. Le sale natural crear ambiente. SLUEN, a su lado, las recoge de forma improvisada. Uno lanza, el otro recoge y lo hace crecer, y luego se lo pasa a otro lado. Cuando están juntos es divertidísimo, un caos. En dos horas charlando en una cafetería, ahí dentro ya se ha formado un proyecto nuevo. En un primer encuentro, parecen las dos personas que mejor se entienden.
SCOEI quiere hacer crecer la idea que lanzó. Habla del mismo tema unos días más, lo pule, le va dando forma. Pero en ese punto SLUEN ya se ha enfriado. Su explosión fue en aquel momento, y en el siguiente lugar se le ocurre otra cosa. SCOEI piensa "¿por qué no llegas hasta el final?", y SLUEN piensa "¿hay que ver siempre el final?". Lo que empezaron juntos acaba quedando una y otra vez solo en manos de SCOEI.
El buen momento son esos primeros días en que se conocen. Charlar hasta la madrugada, retomar al día siguiente por mensaje la conversación de ayer, volver a verse y lanzar ideas nuevas: ese flujo es de verdad divertido. Y aunque pasen esos días, si SLUEN explota de vez en cuando al lado de SCOEI, para SCOEI eso es una gran inyección de energía.
“A SCOEI le viene bien no tomarse como un fallo propio la rapidez con que SLUEN se enfría. Y a SLUEN le viene bien no ver el afán de SCOEI por llegar hasta el final como un intento de atraparlo. Un tiempo corto e intenso tiene sentido; no es un tiempo sin sentido.”
Es para autoexploración. No lo uses como base para juicios sobre hechos.
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