
El yo exterior y el yo interior: por qué soy un yo distinto con cada persona
En la salida con el equipo animas a todo el mundo y, en cuanto cierras la puerta de tu casa, te quedas sin palabras. Aquí te cuento por qué se abre una distancia entre el yo de afuera y el yo de adentro, y cómo leer tu propia distancia matiz por matiz.
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Es viernes y hay salida con el equipo del trabajo. Cuando te toca el brindis, dices unas palabras con una sonrisa; cuando la conversación se apaga, sacas un tema nuevo como quien no quiere la cosa, y hasta le hablas a la persona nueva que se sentó en una esquina. Y a las once de la noche, en cuanto cierras la puerta de tu casa, las palabras se cortan de golpe. Sin siquiera dejar tus cosas, te tiras en el sillón y vas apagando una por una las notificaciones del celular. Te preguntas si el yo de hace una hora y el de ahora son de verdad la misma persona.
Los dos lo son. Solo cambió el personaje que salió al frente. Si al yo frente a los demás lo llamas el yo exterior y al yo a solas lo llamas el yo interior, esta escena no tiene nada de raro: es el momento en que dos personajes cambian de turno. En este artículo te cuento por qué se abre una distancia entre esos dos personajes y cómo conviene leer tu propia distancia. Si primero quieres saber de dónde vienen las expresiones el yo exterior y el yo interior, empieza por Qué significan el yo exterior y el yo interior.
La distancia nace del papel, la expectativa y el costo
Que el yo de afuera y el yo de adentro sean distintos suele deberse a tres fuerzas que actúan juntas.
El papel. En los lugares de afuera tienes un papel asignado. Quien organiza las cuentas del grupo, la persona más nueva del equipo, la que escucha los problemas de todas sus amistades. Un papel levanta ciertos matices. Si te toca organizar, sube la organización; si te toca escuchar, sube la cooperación. Cuando el papel termina, los matices que habías levantado vuelven a su lugar.
La expectativa. Después de escuchar varias veces cosas como “tú siempre tienes buena energía” o “sin ti no hay ambiente”, aparecen las ganas de cuidar esa imagen. Para mantener al yo que la gente recuerda, terminas dejando encendido todo el tiempo un matiz de sociabilidad alta.
El costo. Los matices que levantas gastan energía. Por un rato está bien, pero si los dejas encendidos mucho tiempo, te agotan. Y ese cansancio llega distinto según el matiz. El día que sostuviste la sociabilidad durante horas, la energía se te va como si hasta la voz se te apagara; el día que sostuviste la cooperación, te queda una sensación de injusticia que no sabes explicar; el día que te guardaste las emociones durante mucho tiempo, estas te suben de golpe recién cuando te quedas a solas. Cuando la gente se va, dejas ese costo en el suelo y vuelves a tu postura de descanso, y eso es el yo interior. Que te quedes sin palabras después de la salida no es porque tengas dos personalidades, sino porque estás apagando lo que habías dejado encendido.
En otras palabras, la distancia entre los dos personajes se parece a una escala que muestra cuánto ajustas tus matices para vivir afuera.
La distancia no es de toda la persona, sino de cada matiz
Incluso quienes sienten “por fuera y por dentro soy otra persona” descubren, al mirar de cerca, que muchas veces sus cinco matices no están todos lejos. Lo habitual es que se abran mucho en uno o dos matices y el resto se parezca. La dirección tampoco va siempre hacia el mismo lado. Algunos matices suben afuera y otros, al contrario, se aplastan afuera.
| Matiz | El yo frente a los demás | El yo a solas |
|---|---|---|
| Sociabilidad | Le hablas primero a la persona con la que coincides en el ascensor | No contestas números desconocidos y respondes por mensaje |
| Emotividad | Aunque te digan algo grosero, lo dejas pasar con una sonrisa | En la ducha te acuerdas de ese comentario y se te hace un nudo en la garganta |
| Organización | Ordenas el calendario compartido por colores | En el refrigerador hay un guiso que no sabes desde cuándo está ahí |
| Cooperación | En la salida del trabajo sigues lo que elija la mayoría para comer | Cuando comes a solas, eliges enseguida lo que se te antoja |
| Indagación | Trabajas de forma segura, con métodos ya probados | Te quedas hasta la madrugada metiéndote en videos de temas que no conocías |
Si en esta tabla hay una fila que te hace pensar “así soy yo, tal cual”, es muy posible que ese sea el matiz donde tu distancia es mayor. Recuerda también que hay matices que, como en la última fila, más bien aplastas cuando estás afuera. Los matices que subes afuera te cansan, y los que aplastas afuera te dejan una sensación de encierro.
También es buena idea volver a llenar esta tabla con tu propia versión. En cada una de las cinco filas, escribe una escena que de verdad te haya pasado la semana pasada. Las filas en las que las dos columnas casi coinciden son matices iguales en cualquier lugar, y las filas en las que, mientras escribes, piensas “¿de verdad es la misma persona?” son matices con mucha distancia. Se ve mucho más claro que cuando solo lo piensas.
Cinco maneras de leer y manejar tu distancia
- Empieza por encontrar el matiz más lejano. Si miras los cinco matices a la vez, es fácil terminar en un “todo es distinto y ya”. Piensa qué es lo primero que se te apaga camino a casa. Si lo primero que baja son las palabras, es muy probable que sea la sociabilidad; si lo primero que se afloja es la cara, la emotividad; si lo primero que se viene abajo es el hábito de ordenar, la organización; y si las decisiones que tomabas pendiente de los demás pasan de inmediato a seguir tus gustos, la cooperación.
- Revisa la dirección. Si es un matiz que subes afuera o uno que aplastas. Quien volvió de una salida en la que estuvo adaptándose todo el tiempo se agotó subiendo la cooperación, y quien volvió de una reunión en la que se tragó una idea nueva se ahoga aplastando la indagación. Y cada uno descansa de manera distinta. El primero necesita un rato en el que no tenga que adaptarse a nadie; el segundo, un rato para hacer a gusto lo que tenía ganas de hacer.
- Ajusta la recuperación a ese matiz. A quien tiene mucha distancia en la sociabilidad, lo que mejor le funciona es dejar libre la noche siguiente a una reunión. A quien tiene mucha distancia en la emotividad, escribir unas líneas a solas sobre lo que se tragó afuera lo deja mucho más liviano. A quien tiene mucha distancia en la organización, en vez de intentar administrar la casa como si fuera la oficina, le conviene fijar una sola regla. Algo como “no dejar nada frente a la puerta de entrada”.
- Cuenta con cuántas personas puedes sacar tu yo interior. El yo interior sale sobre todo cuando estás a solas, pero también aparece frente a gente con la que te sientes muy a gusto. Esa sensación de “me gusta cómo soy cuando estoy con esta persona” muchas veces significa que esa relación te deja sacar tu yo interior con comodidad. Con que haya una o dos personas así, quien tiene mucha distancia se agota bastante menos.
- Cuéntale tu distancia de antemano a la gente cercana. Al principio de una relación o con una amistad nueva, los dos se conocen desde el yo exterior. Es al viajar juntos o al vivir bajo el mismo techo cuando se ve por primera vez el yo interior, y ahí es fácil que salga un “cambiaste”. No es que hayas cambiado, es que la otra persona vio por primera vez a tu segundo personaje. Si le adelantas una sola frase, como “cuando termina una reunión me quedo un rato sin hablar, no es que esté de mal humor”, esa persona puede recibir tu yo interior con comprensión y no con malentendidos.
A quien tiene poca distancia se le llama tipo integrado, y a quien tiene mucha, tipo separado. El tipo integrado también tiene cosas para leer. Como es igual en todas partes, es alguien sólido, pero a veces, incluso en situaciones formales, se le escapa su forma de hablar de siempre y genera malentendidos. No es que el tipo separado sea malo y el integrado bueno; solo cambia lo que cada uno tiene que cuidar. Al tipo separado le conviene asegurarse primero su tiempo de recuperación, y al integrado, practicar subir o bajar un poquito el volumen según el lugar.
No lo leas de esta manera
- Tener mucha distancia no te hace falso. Los matices que usas afuera también estaban dentro de ti desde siempre. No inventaste algo que no tenías: solo subiste el volumen.
- Tampoco significa que el yo interior sea el verdadero y el yo exterior, el falso. El yo que cuida a los demás afuera y el yo que apaga las notificaciones en casa son la misma persona.
- La distancia no es un valor fijo para toda la vida. Cuando empiezas un trabajo nuevo o aparece una relación cercana, la distancia puede acortarse o alargarse.
- Un tipo no es una caja. Los dos códigos no son casillas que te encierran, sino coordenadas que muestran dónde están parados ahora mismo tus dos personajes.
Si afuera eres la bondad en persona pero a solas te agotas sin motivo, en Amable con los demás, agotado a solas hablo con más detalle de la distancia del lado de la cooperación.
Por qué eres un yo distinto con cada persona
Ser un yo distinto con cada persona no es falta de criterio propio, sino que en cada lugar sacas y usas el matiz que hace falta. Y lo lejos que levantas ese matiz es tu distancia. Cuando conoces tu distancia, también ves dónde te agotas y cómo tienes que descansar.
El test de personalidad gratuito pregunta por separado cómo eres frente a los demás y cómo eres a solas, y te muestra, en cada uno de los cinco matices, qué tan lejos están tus dos personajes. Comprueba si la fila de la tabla que te hizo pensar “así soy yo, tal cual” es de verdad tu matiz más lejano.
Este artículo busca ayudarte a entenderte mejor y no reemplaza un diagnóstico ni un tratamiento psicológico.
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