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Test de personalidad

Me angustio si no es perfecto, ¿puedo soltarlo un poco?

¿Ya terminaste y aun así no logras soltarlo y vuelves a abrir el archivo? Aquí reunimos una práctica para dejarlo ir sin bajar tu estándar: decidir de antemano hasta dónde llega cada tarea.

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Once de la noche. La propuesta que tienes que entregar mañana temprano en realidad quedó lista desde la tarde. Pero no logras cerrar la laptop. Cambias el grosor del borde de una tabla y lo regresas como estaba, reescribes la primera frase tres veces y al final guardas un archivo casi idéntico al del principio. Tu compañero te dijo “así ya está bien”, y aun así una parte de ti sigue oyendo “un poquito más”. A la mañana siguiente, al verlo de nuevo, ni siquiera recuerdas bien qué corregiste la noche anterior.

Tener un estándar alto no es el problema. El problema es que no está definido dónde termina. En lugar de escarbar en la raíz del perfeccionismo, este artículo se centra en practicar cómo soltar las tareas de todos los días. Una forma de dejar el estándar como está y decidir el “hasta aquí”.

Por qué no sientes que terminaste aunque ya terminaste

Curiosamente, cuanto más se acerca el final de una tarea, más fallas ves. Al principio toda tu atención se va en tapar los hoyos grandes y no te da tiempo de mirar los detalles. Solo cuando ya los tapaste todos empiezan a saltarte a la vista cosas pequeñas, como el interlineado o una palabra suelta. El resultado claramente mejoró, pero de ahí nace la ilusión de que la cantidad de fallas visibles sigue igual.

Además, la mayoría de las tareas no tienen una campana que avise que ya terminaron. Lavar los trastes termina cuando el fregadero queda vacío, pero una propuesta o una presentación siempre se pueden corregir un poco más. Como no hay una señal externa que marque el final, terminas tomando como final el momento en que se calma esa inquietud por dentro. Pero esa inquietud no se calma porque el resultado mejore. Por eso se te pasa una y otra vez el momento de soltar.

Piensa en lo que corregiste durante la última hora o las últimas dos. Es la parte a la que más tiempo le dedicaste y, sin embargo, la que menos cambios nota quien lo recibe. Bajar un punto el tamaño de letra o retocar el final de una frase se ve enorme solo ante tus ojos. Esta recta final es justo el tramo donde más se desencuentran el esfuerzo que pones y la diferencia que queda.

Los matices a los que soltar les cuesta especialmente

Un matiz muy organizado. Quien disfruta del orden y del plan se queda en paz solo cuando cumplió bien cada paso del proceso. Si ya cumplió todos los pasos pero el resultado no brilla tanto como esperaba, le dan ganas de darle otra vuelta completa.

Un matiz de amplitud emocional ancha. A quien hasta una pequeña inquietud de “todavía le falta algo” le resuena con fuerza, enviar el archivo con ese sentimiento encima le resulta muy incómodo. Muchas veces esas correcciones no son por el trabajo, sino para apagar esa incomodidad.

Súmale a esto la distancia entre tu yo exterior y tu yo interior, y soltar se vuelve mucho más difícil. Quien lleva mucho tiempo oyendo afuera que “si lo hizo esa persona, se puede confiar” convierte esa reputación en su estándar. Cada entrega se siente no como un trabajo, sino como un examen para proteger a su yo exterior, así que entregar algo en un nivel suficientemente bueno parece restarle a su imagen. En el fondo, tu yo interior ya está cansado y quiere descansar, pero tu yo exterior te sigue hasta casa y te hace volver a abrir la laptop.

En esta estructura, los elogios se los lleva tu yo exterior y la cuenta la paga tu yo interior. Tus noches, tu sueño y el respiro del fin de semana se van recortando poco a poco. Así que practicar soltar no es practicar hacer las cosas a medias: se parece más a devolverle las noches a tu yo interior.

Compruébalo tú

Cuenta cuántas de estas frases te suenan conocidas. Cuantas más sean, más te conviene ajustar primero tu manera de terminar, antes que tu estándar.

  • Las correcciones aumentaron, pero los demás casi no notan la diferencia entre la primera y la última versión.
  • Aunque termines algo mucho antes del plazo, lo sigues trabajando hasta el último minuto.
  • Lo que hacen otros te parece que está bien, pero en lo tuyo solo ves fallas.
  • Le pones un esfuerzo parecido a un aviso en el chat interno de la empresa y a una propuesta importante.
  • Ya fuera del trabajo, el archivo que enviaste en el día te sigue viniendo a la mente.
  • Incluso en tus días libres, abres el archivo de vez en cuando porque sientes que le falta el toque final.

Cinco prácticas para soltar sin tocar tu estándar

  1. Divide las tareas en tres categorías. Si le pones la misma fuerza a todo, no te queda fuerza para lo que de verdad importa. Junto a tu lista de pendientes escribe A, B y C. A es lo que merece esmero, B lo que basta con que esté bien y C lo que basta con que esté terminado. Por ejemplo, la propuesta para un cliente es A, la minuta de la reunión de equipo es B y el aviso en el chat interno es C. El perfeccionismo solo necesitas encenderlo en A. La primera semana limítate a ponerles letra y anota cuántos minutos le dedicaste en realidad a lo que estaba en C. Quizá descubras que se te escapa mucho más tiempo en C de lo que pensabas.
  2. Antes de empezar, escribe las condiciones de terminado. Si el problema es que no ves el final, dibújalo por adelantado. Para un informe, “revisar cifras, revisar errores de dedo, una línea de conclusión”; para una presentación, “orden de las diapositivas, tamaño de letra, resumen final”. Escribe solo tres condiciones y, cuando las tres estén marcadas, esa tarea está terminada. Las ideas de corrección que se te ocurran después de marcarlas pásalas a una ‘nota para la próxima versión’ y cierra el archivo.
  3. Muestra el borrador temprano. Si lo pules a solas hasta el final antes de entregarlo, cuando la dirección está mal todo ese tiempo se pierde de golpe. Cuando vayas más o menos a la mitad, manda el borrador diciendo “¿me ayudas a revisar solo la dirección?”. Muchas veces, para quien lo recibe, confirmar la dirección temprano es más bienvenido que recibir la versión final.
  4. Aparte de la hora de entrega, fija una hora para soltar. Si tienes que entregar algo a las seis de la tarde, anota las cuatro en tu calendario como hora para soltar y dedica las dos horas siguientes a otra cosa. Las correcciones de último minuto suelen servir más para calmar la inquietud que para mejorar el trabajo. Si después de salir del trabajo se te ocurre algo que corregir, en vez de abrir el archivo apunta una línea en las notas del celular y revisa esa nota a la mañana siguiente. Vistas con calma en la mañana, las cosas que vale la pena corregir son menos de las que crees.
  5. Registra qué pasó con lo que soltaste. Anota en una línea lo que pasó después con cada cosa que enviaste en un nivel suficientemente bueno. Algo como “minuta: nadie mencionó el formato” o “borrador de la propuesta: solo pidieron ajustar la dirección en un punto”. Con unas cuantas semanas de notas podrás ver con tus propios ojos qué tan pocas veces pasó en realidad lo que temías.

Lo que sientes las primeras veces que sueltas

Cuando empiezas esta práctica, las primeras veces la incomodidad es incluso mayor. Cumpliste todas las condiciones de terminado y enviaste el archivo, pero por un rato te queda una sensación de estar en el aire. Es fácil leer esa inquietud como señal de que hiciste algo mal, pero en realidad es más bien señal de que todavía no te acostumbras.

Así que no esperes a que la incomodidad desaparezca: pasa a lo siguiente con la incomodidad encima. Si tu matiz es de amplitud emocional ancha, ayuda mover primero el cuerpo a otra parte, por ejemplo levantarte justo después de enviar y tomar un vaso de agua o caminar unos diez minutos. Cuando esa experiencia se repite varias veces, el rato en el aire después de enviar se va acortando.

No lo leas así

  • Soltar no significa bajar tu estándar. A las tareas de la categoría A les puedes seguir poniendo el mismo esmero que ahora. Lo único que cambia es que recuperas la fuerza que gastabas en B y en C.
  • Tampoco se trata de volverte alguien que hace todo a medias. Decidir dónde termina algo no es descuido, es diseño.
  • Que te angusties cuando algo no es perfecto no significa que tu personalidad tenga un problema. Tienes muchas ganas de hacer las cosas bien, y esas ganas todavía no encuentran dónde detenerse.
  • Si cada vez que intentas soltar la ansiedad es tan grande que se te desordena la vida diaria, antes que practicar, habla con un profesional.

En resumen

La ansiedad que sientes aun después de terminar muchas veces no viene tanto de un estándar alto como de no haber decidido dónde termina cada cosa. Prueba a dividir las tareas en tres categorías, escribir primero las condiciones de terminado, mostrar el borrador temprano, fijar una hora para soltar y registrar qué pasó después. Si primero quieres saber si tu meticulosidad nace de la ilusión o de la ansiedad, lee también El perfeccionismo, ¿fortaleza o cadena?; y si hasta soltar el trabajo y descansar te incomoda, Culpa al descansar.

El test de personalidad gratuito te muestra por separado, en cinco rasgos de personalidad, cómo eres frente a los demás y cómo eres cuando estás a solas. Al ver qué tan lejos quedan esos dos lados, se aclara un poco más por qué vuelves a abrir el archivo incluso después de salir del trabajo.

Este artículo busca ayudarte a entenderte y no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento psicológico.

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