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Test de personalidad

El perfeccionismo, ¿fortaleza o cadena?

Lo que de verdad te empuja

Con la misma meticulosidad, hay tareas que disfrutas y otras que te ahogan. Que el perfeccionismo sea fortaleza o cadena no depende de qué tan alto sea tu estándar, sino de si ese estándar nace de la ilusión o de la ansiedad.

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El pastel que preparas el fin de semana para comértelo tú: si no te gusta cómo quedó la crema, la vuelves a poner una y otra vez. Y lejos de fastidiarte, te divierte. Pero un simple correo que le mandas al equipo el lunes por la mañana va por un camino muy distinto. Antes de enviarlo lo lees unas diez veces y, ya enviado, vuelves a abrir la bandeja de enviados para ver que no tenga errores. Si la respuesta tarda un poquito, lo relees preguntándote si el tono sonó raro.

Las dos cosas son “ganas de hacerlo perfecto”. Pero una te alegra y la otra te aprieta. En este artículo vamos a separar esa diferencia. No se trata de tirar el perfeccionismo a la basura. Hablamos de por qué la misma meticulosidad un día es una fuerza y otro día una cadena, y de cómo averiguar de dónde salió tu estándar.

Cuando el estándar tira de ti y cuando te empuja por la espalda

El perfeccionismo tiene dos ramas con raíces distintas.

Una es la meticulosidad que viene de un estándar alto. Las ganas de “hacer esto todavía mejor” tiran de ti desde adelante. Cuando trabajas con esta fuerza, el tiempo se pasa volando y al terminar te queda la satisfacción.

La otra es la meticulosidad que viene de la ansiedad por equivocarte. El “no puedo fallar” te empuja desde atrás. Cuando trabajas con esta fuerza, al terminar llega antes el alivio que la alegría. Una emoción más cercana a “uf, esta vez también pasó sin problemas”.

Vistas desde afuera, las dos personas son igual de meticulosas. Sus resultados pueden ser igual de buenos. La diferencia está en el combustible. La fuerza que tira de ti se vuelve a llenar después de usarla; la que te empuja se desgasta cuanto más la usas. Por eso quien lleva mucho tiempo corriendo con la ansiedad como combustible, un día de repente ya no logra empezar nada. No es pereza: es que el tanque quedó vacío.

Dónde crece el perfeccionismo que nace de la ansiedad

¿En qué matices crece con más facilidad el perfeccionismo que nace de la ansiedad?

Un matiz de amplitud emocional ancha. Quien siente que el ánimo se le sacude fuerte hasta con un error pequeño percibe el costo de equivocarse más grande de lo que es. Como un solo error de dedo le pesa todo el día, lo revisa diez veces de antemano para evitarse ese día. La meticulosidad deja de ser un estándar y pasa a hacer de calmante.

Un matiz muy cooperativo. Quien lee bien lo que esperan los demás se imagina hasta la cara de quien va a recibir el resultado. Así, el criterio del trabajo se desplaza sin que lo notes de “¿esto está bien?” a “¿no se va a decepcionar al verlo?”. El dueño del estándar ya no eres tú, sino un evaluador imaginario.

Un matiz muy organizado. Quien le da mucha importancia al plan y al orden ya tiene de por sí estándares altos. Este matiz, por sí solo, está más bien del lado sano. Pero si se junta con los dos anteriores, da una persona que se angustia de manera sistemática. La lista de revisión se alarga sin fin y, aunque taches todo, no te quedas en paz.

¿Frente a quién sube tu estándar?

Aquí ayuda mucho separar al yo de afuera del yo de adentro, es decir, a tu yo exterior de tu yo interior. Así distinguir se vuelve mucho más fácil.

El perfeccionismo que viene de un estándar alto funciona más o menos igual haya o no quien mire. Ordenas con cuidado hasta tu libreta personal que nadie va a ver, y pruebas varias veces la sazón del guiso que te vas a comer a solas. Tu yo interior también disfruta ese estándar.

El perfeccionismo que viene de la ansiedad se enciende cuando aparece público. La nota que solo vas a ver tú puede quedar como sea, pero el aviso para el chat grupal lo corriges tres veces. En casa te relajas, pero afuera no dejas ni un hueco. Es señal de que el estándar no está al servicio del trabajo en sí, sino de proteger a tu yo exterior, es decir, a la imagen tuya que se refleja en los ojos de los demás.

Lo puedes comprobar de forma sencilla. Piensa en tres cosas a las que la semana pasada les pusiste un esmero especial. ¿Hay entre ellas al menos una que nadie iba a ver? Si las tres eran para mostrárselas a alguien, buena parte de tu meticulosidad está mirando hacia el público.

Por eso, cuanto más lejos están tu yo exterior y tu yo interior, más fácil es sentir el perfeccionismo como una cadena. Afuera siempre tienes que parecer alguien sin fallas, pero tu yo interior nunca pidió ese estándar. Los demás te conocen como alguien meticuloso por naturaleza, pero a ti esa meticulosidad te pesa.

Compruébalo tú: la misma meticulosidad, raíces distintas

Mira en la tabla de abajo a qué columna se parece más lo que haces. Es raro que alguien encaje en una sola. Lo normal es que se mezclen según la tarea y según el día.

MomentoMeticulosidad que nace del estándarMeticulosidad que nace de la ansiedad
Antes de empezarTe entusiasma pensar cómo lo harásLo pospones por miedo a arruinarlo
Mientras lo hacesEl tiempo se te pasa sin sentirRevisas una y otra vez la misma parte
Justo al terminarTe queda la satisfacciónLlega primero el alivio y enseguida ves fallas
Al descubrir un errorLo corriges y siguesRebobinas la escena durante días
Cuando nadie miraEl estándar sigue igualEl estándar baja de golpe

Tener muchas marcas en la columna derecha no significa que seas alguien con un problema. Darte cuenta de si lo que ahora mueve tu estándar es la ilusión o la ansiedad: la utilidad de esta tabla llega justo hasta ahí.

Cinco formas de conservar el estándar y quitarle peso a la ansiedad

  1. Pregunta quién es el dueño del estándar. Antes de empezar una tarea, pregúntate una vez: “¿quien quiere llegar hasta aquí soy yo o alguien que me imaginé?”. Si es alguien que imaginaste, confírmalo directamente con esa persona. Si preguntas “¿qué nivel de acabado necesita este material?”, es más común de lo que crees que te devuelvan un estándar más bajo que el que tú te habías puesto.
  2. Anota en una palabra lo que sientes al terminar. Cada vez que acabes algo, apunta solo si llegó primero la satisfacción o el alivio. En unas dos semanas verás en qué tipo de tareas la ansiedad toma el volante. Si los informes te dejan satisfacción pero solo los correos a tus jefes te traen primero alivio, lo que hay que ajustar no es todo tu estándar, sino ese único tipo de tarea.
  3. Apunta los errores en la columna de información. Cuando descubras un error, llena solo tres columnas: la fecha, qué pasó y una cosa que cambiarás la próxima vez. No hagas una columna de “¿por qué soy así?”. Cuando el error deja de ser prueba de lo que te falta y se vuelve una nota para lo que sigue, el tiempo que pasas rebobinando esa escena se acorta poco a poco.
  4. Crea espacios para practicar sin público. Como el perfeccionismo que nace de la ansiedad se enciende cuando hay público, practica el descuido donde no lo hay. Por ejemplo, escribir un diario sin fijarte en la ortografía o terminar en diez minutos un dibujo que no le vas a enseñar a nadie. Así le vas dando a tu yo interior la experiencia de que no pasa nada aunque algo quede imperfecto.
  5. Los estándares que disfrutas, más bien protégelos. El objetivo de quitarle peso a la ansiedad no es bajar el estándar, sino recuperarlo. Deja tal cual las cosas en las que pones esmero porque te divierten, como el pastel del fin de semana. Esa concentración que sientes ahí te muestra la forma original de tu estándar cuando le quitas la ansiedad.

No lo leas así

  • Que tu meticulosidad nazca en parte de la ansiedad no quiere decir que tu empeño sea falso. Esa ansiedad también va pegada, al final, a las ganas de hacer bien las cosas.
  • Tener muchas marcas en la columna derecha de la tabla tampoco te pone ningún diagnóstico. Es solo un espejo para ver con qué combustible estás corriendo ahora.
  • A quien tiene estándares altos, “hazlo como sea” no le sirve. Si tiras el estándar entero, también pierdes la concentración que disfrutaba tu yo interior.
  • Si un error no se te va de la cabeza durante días y hasta te altera el sueño o la comida, no es algo para manejar a solas: vale la pena hablarlo con un profesional.

En resumen

Que el perfeccionismo sea una fortaleza o una cadena no depende de qué tan alto sea el estándar. Depende de si ese estándar tira de ti desde adelante o te empuja desde atrás. Con solo fijarte frente a quién sube tu estándar y si al terminar llega primero la satisfacción o el alivio, ya se ve la raíz de tu meticulosidad. Si te interesa practicar cómo soltar el trabajo de cada día, lee también Me angustio si no es perfecto, ¿puedo soltarlo un poco?; y si te atoras desde el inicio porque sientes que no podrás hacerlo perfecto, ¿Aplazo todo, soy perezoso?.

El test de personalidad gratuito te muestra por separado, en cinco rasgos de personalidad, cómo eres frente a los demás y cómo eres cuando estás a solas. Al ver dónde quedan tu amplitud emocional y tu cooperación en cada uno de esos dos lados, descubres en qué situación tu estándar se dispara de manera especial.

Este artículo busca ayudarte a entenderte y no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento psicológico.

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