El perfeccionismo, ¿fortaleza o cadena? Lo que de verdad te empuja
Ese "ya está bien así" que no logras decirte. La raíz del perfeccionismo quizá no sea diligencia, sino ansiedad.
"Soy perfeccionista y la paso mal." Necesitas pulir cualquier cosa hasta el final para quedarte tranquilo, masticas durante días el más mínimo error y, antes incluso de empezar, lo postergas pensando "si no puedo hacerlo perfecto…". El perfeccionismo suele venderse como una fortaleza, pero para quien lo tiene se siente más bien como una cadena. En este artículo te explico si el perfeccionismo es fortaleza o cadena, y cuál es la verdadera identidad de ese sentimiento.
El perfeccionismo tiene dos caras
Aunque se llame igual, "perfeccionismo", existen dos tipos con raíces distintas.
- El perfeccionismo que viene de exigencias altas: la fuerza que tira de ti con un "quiero hacerlo mejor". Es el motor del crecimiento y el logro.
- El perfeccionismo que viene del miedo a equivocarse: el temor que te empuja con un "no puedo fallar". Se parece más a una defensa para evitar el fracaso.
Por fuera, ambos parecen "querer hacerlo perfecto", pero uno es la fuerza de avanzar y el otro el miedo de protegerte. El perfeccionismo que te hace sufrir suele ser el segundo. No es que quieras hacerlo bien, sino que tienes miedo de que descubran que no puedes.
Cuando el perfeccionismo, al contrario, frena el trabajo
El perfeccionismo del tipo "miedo a equivocarse" puede, paradójicamente, hacer que no logres hacer nada.
- "Si no puedo hacerlo perfecto, ni empiezo": por eso pospones (el perfeccionismo y la postergación son, en realidad, un mismo cuerpo).
- Te aferras hasta el 100% a algo a lo que le bastaba el 70%, y por eso siempre vas con el tiempo encima.
- Aun cuando terminas, te reprochas "¿esto fue lo mejor que pude?", y no llegas a sentir la satisfacción del logro.
Esa ironía de que el esfuerzo por la perfección impida completar es justo el punto en el que el perfeccionismo se vuelve cadena.
No se trata de soltar el perfeccionismo, sino de manejarlo
Si ves el perfeccionismo como "algo malo que hay que tirar", te reprochas aún más. Porque las exigencias altas son, sin duda, una fortaleza. No se trata de tirarlo, sino de manejarlo.
- Fija el criterio de "suficiente" en vez de "perfecto": decide primero si este asunto necesita un 100% o le basta con un 80%. Si lo vuelcas todo al 100% en cada cosa, no te quedará nada que volcar donde de verdad importa.
- Completar > perfecto: terminar al 70% vale más que no terminar buscando el 100%. Sacarlo y luego pulir vale más que aferrarse y no llegar a sacarlo.
- Mira el error como un dato: un error no es prueba de tu defecto, sino información para la próxima vez. Quien aprende de sus errores llega más lejos que quien se detuvo por evitarlos.
- Separa la ansiedad de la exigencia: si notas si tu perfeccionismo es "porque quiero hacerlo mejor" o "por miedo a equivocarme", puedes impedir que sea el miedo quien lleve el volante.
Conoce primero la hebra de tu exigencia
Lo duro del perfeccionismo es esa sensación de no saber por dónde empezar: "¿por qué me presiono tanto?". Si descubres si eres una hebra que saca su motor de las exigencias altas o una que recibe presión del miedo a equivocarse, podrás usarlo dándole rumbo en vez de fustigarte.
Conoce primero tu personalidad (tu yo exterior e interior) con el test de 1 minuto. Comprobarás que ese criterio con el que te azotabas es, en realidad, una hebra que bien manejada se convierte en fortaleza.
Este artículo busca ayudarte a entenderte mejor y no sustituye un diagnóstico psicológico.
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