32personas
Test de personalidad

Me sale un yo distinto con cada persona

no es fingir, es adaptarse

En casa de tu familia vuelves a tu papel de menor de la casa y contestas cortante, con tus excompañeros de escuela vuelves a ser quien organiza todo y en el equipo nuevo eres la persona callada que acaba de llegar. Aquí te cuento por qué aparece un yo distinto en cada relación y cómo distinguir si es fingir o adaptarte.

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En las fiestas, cuando vuelves a la casa de tu familia, curiosamente regresa tu manera de hablar de cuando tenías dieciséis años. Si tu mamá te dice “come un poco más”, contestas de mala gana “ay, ya, déjame” y te encierras en tu cuarto. Al día siguiente, frente a tus amigos de la escuela a los que no veías hace tiempo, estás eligiendo el lugar de reunión y ordenando la conversación como en tus tiempos de representante de curso. Y el lunes, en la reunión del equipo nuevo al que te cambiaste, eres la persona callada que solo responde lo que le preguntan, y con pocas palabras. Es como si en tres días hubieras vivido la vida de tres personas distintas.

Quizá pienses “¿no seré una persona demasiado falsa?”, pero esto es algo muy común y natural. En este artículo vamos a hablar de qué decide cuál de tus yo sale en cada lugar, de cómo distinguir si eso es fingir o adaptarte y de cómo llevarte bien con tus distintas versiones.

A veces es la relación la que decide qué yo sale

Que la misma persona saque un yo distinto en cada lugar tiene algunas razones bastante claras.

Hay un yo que la relación recuerda. Las relaciones de muchos años recuerdan el papel que tenías cuando empezaron. Para tu familia sigues ocupando el papel de menor de la casa, y para tus compañeros de escuela sigues siendo quien organizaba al grupo. Cuando la otra persona le habla a tu yo de aquella época, sin darte cuenta respondes con el matiz de aquella época. Que te pongas cortante en casa de tu familia no es porque tengas mal carácter, sino porque un papel antiguo se enciende solo. La forma en que te llaman también influye. Es difícil que salga el mismo matiz en un lugar donde te llaman con un apodo de la infancia y en otro donde te tratan de usted. El nombre con el que te llaman te dice qué papel te toca en ese lugar.

El matiz del otro deja un espacio libre. Junto a una amistad que habla mucho te vuelves quien escucha, y junto a una amistad callada te vuelves quien llena los silencios. Si te vas de viaje con alguien que llega con el itinerario armado al detalle, te toca seguir; si vas con alguien relajado, eres tú quien se encarga del hospedaje y de las rutas. No es que haya cambiado tu sociabilidad o tu organización, sino que ocupas el espacio que la otra persona dejó libre.

Cuanto más está en juego, más al frente sale un matiz prudente. En los lugares donde te evalúan o frente a alguien a quien quieres causarle buena impresión, crecen las ganas de no equivocarte. Si tienes un matiz de amplitud emocional ancha, esa tensión la sientes todavía más, y puede que hables menos de lo habitual o, al contrario, que hables más rápido. Que hables poco en el equipo nuevo quizá no sea porque eres una persona callada, sino porque todavía es un lugar donde hay mucho en juego.

Si a las escenas de esos tres días les sumas algunos lugares más, queda algo así.

LugarEl yo que salió al frenteLa fuerza que lo provocó
La casa de tu familia en las fiestasMenor de la casa, siempre cortanteEl papel antiguo que recuerda la relación
La reunión con excompañeros de la escuelaQuien organiza la conversación, como en sus tiempos de representante de cursoEl papel antiguo, más el espacio que dejaron libre las amistades más relajadas
El equipo nuevo al que te cambiasteLa persona nueva que habla pocoUn lugar donde todavía hay mucho en juego
Frente a tu pareja de hace añosEl yo que se deja mimarLa comodidad de poder soltar la tensión
El chat grupal de amigosEl yo que se encarga de reaccionar a todoEl espacio libre que queda cuando nadie dice nada

Al ponerlo en una tabla, se ve que en cada lugar hay un motivo. Y todas estas versiones, al final, están en algún punto entre dos lugares: el yo exterior, que es el yo frente a los demás, y el yo interior, que es el yo a solas. Cuanto más cómoda es la relación, más te acercas al yo interior; cuanto más tensa, más te acercas al yo exterior. O sea, no eres varias personas, sino una sola persona que en cada momento se para en un punto entre esos dos personajes.

Revisa por tu cuenta si es fingir o adaptarte

Fingir es inventar un yo que no existe, y adaptarte es sacar, de entre los muchos matices que hay dentro de ti, el que le queda a ese lugar. Cuando tengas dudas, responde estas preguntas.

  • ¿La versión que usas en ese lugar es un matiz que ya estaba dentro de ti, aunque fuera un poquito?
  • ¿Al terminar, aunque sientas el cansancio de haber “hecho mucho”, no tienes la sensación de haber estado “con miedo a que me descubrieran”?
  • ¿Si alguien cercano viera esa versión, no te pondría en un aprieto?
  • ¿No hay nada que quieras conseguir engañando al otro con esa versión?
  • ¿En ese lugar también respetas lo que decidiste no hacer?

Si casi todo es “sí”, es adaptación. Solo cambió el volumen: eres el mismo yo. Si hay varios “no”, vale la pena mirar si ese lugar te está pidiendo todo el tiempo un matiz que no tienes. Eso no significa que seas una persona falsa, sino que puede ser una señal de que ese lugar no encaja bien con quien eres hoy.

Cómo llevarte bien con tus distintas versiones

  1. Escribe una línea por cada relación con el yo que sale en ella. Algo como “frente a mi mamá, menor de la casa y siempre cortante”, “frente a mis excompañeros, quien organiza todo” o “en el equipo nuevo, la persona nueva que observa”. Al escribirlo, ves que tus distintas versiones no salen al azar, sino que en cada relación hay un patrón bastante estable. Ese patrón es justamente lo que te hace ser tú.
  2. El papel antiguo del que quieres salir, cámbialo empezando por una frase. El papel que recuerda una relación no cambia de un día para otro. Pero una frase pequeña sí puedes cambiarla. En vez de “ay, ya, déjame”, prueba decir “ya comí bastante, gracias”. Cuando la frase nueva se repite unas cuantas veces, el yo que la otra persona recuerda también cambia poco a poco. Si te cansa ser siempre quien organiza en las reuniones de excompañeros, pasarle a otra persona la tarea de elegir el lugar esta vez es el mismo método.
  3. Mira de cerca las relaciones donde sale un yo que te gusta. Si te gusta el yo que arma planes sin esfuerzo cuando está con una amistad relajada, quizá seas alguien que disfruta usar su organización. Si sabes qué relación saca qué matiz tuyo, puedes empezar a usar ese matiz, poco a poco, también en otros lugares.
  4. No juzgues tu yo en un lugar nuevo por cómo aparece al principio. El yo callado del equipo nuevo es un yo que todavía está observando. Cuando pasen unas semanas y aparezcan una o dos personas con las que estés a gusto, van a empezar a salir otros matices. No decidas de antemano que “en el equipo nuevo nadie nota que existo”.
  5. Separa los lugares que te vacían de los que te llenan. Si el día en que te encargaste de reaccionar a todo en el chat grupal terminas extrañamente sin energía, y el día en que te echaste a descansar frente a tu pareja de hace años terminas con más energía, el primero es un lugar donde usas mucho tu yo exterior y el segundo, un lugar donde descansas en tu yo interior. En las semanas llenas de lugares que te vacían, mete a propósito al menos un lugar que te llene.

Si el yo que sale en el trabajo te resulta especialmente extraño, en ¿Por qué en el trabajo soy distinto de como suelo ser? hablo por separado de las fortalezas de ese lugar.

No lo leas de esta manera

  • Cambiar según el lugar no significa que no tengas criterio propio. Cambiar el volumen de un matiz y cambiar tus principios son cosas distintas. El volumen puede variar según el lugar, pero lo que decidiste no hacer puede ser igual en todas partes.
  • No significa que tengas que elegir un único “verdadero yo”. Tu papel de menor de la casa en las fiestas y tu papel de quien organiza en la reunión de excompañeros son tú. Si decides que solo una versión es la verdadera, terminas avergonzándote de las demás.
  • Tampoco significa que el yo que sale en una relación incómoda sea todo lo que eres. Si solo con cierta persona se te afila especialmente el tono, eso es un patrón de esa relación, no una prueba de tu naturaleza.
  • Tampoco significa que, por ser adaptación, tengas que aguantarlo todo. Adaptarse también tiene un costo. Si el costo sigue siendo alto, a veces lo correcto no es cambiarte a ti, sino ajustar el lugar.

Tus muchas versiones son la amplitud de una sola persona

Pasar en tres días del papel de menor de la casa al de quien organiza y al de la persona nueva no fue tambalearte, sino haber vivido a fondo varios lugares. Todas esas versiones salen, al final, de los matices de una sola persona. Si sabes qué relación saca qué yo, en lugar de desconfiar de ese cambio, puedes elegirlo y usarlo.

El test de personalidad gratuito te muestra por separado cómo eres frente a los demás y cómo eres a solas. Úsalo como punto de partida para calcular en qué punto entre esos dos personajes se para el yo distinto que sale en cada relación. Cómo leer, matiz por matiz, la distancia entre los dos personajes lo explico en El yo exterior y el yo interior: por qué soy un yo distinto con cada persona.

Este artículo busca ayudarte a entenderte mejor y no es un diagnóstico que defina tu personalidad.

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