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Test de personalidad

Cuando tu autoestima baja una y otra vez

no es porque te falte algo

¿Los elogios se te olvidan enseguida y una sola crítica se te queda días? Que tu autoestima baje una y otra vez muchas veces no es porque te falte algo, sino porque los elogios llegan a tu yo exterior y las críticas se clavan en tu yo interior.

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Al terminar la reunión, tu jefe te dice: “el material de esta vez quedó muy limpio”. Le das las gracias con una sonrisa, pero en el camino de regreso a casa no es esa frase la que te viene a la mente. Es el momento, a media reunión, en que alguien preguntó: “oye, ¿y de dónde sale este número?”. El elogio se desdibujó antes de que subieras al elevador, pero esa sola pregunta te sigue hasta la noche. Se vuelve a reproducir mientras te bañas y mientras miras el celular ya en la cama, y al final termina en un “¿por qué soy un desastre?”.

Así suelen ser los días en que la autoestima baja. No pasó nada grave, pero las palabras buenas se escapan y solo se quedan las que duelen. En este artículo vemos por qué se produce esa inclinación, en qué matices se agrava y cómo volver los días en que caes.

En la autoestima importa menos el nivel que el momento en que cae

Incluso quien dice “tengo la autoestima baja” no la tiene baja todo el día. Cuando come con gente que quiere o cuando resuelve sin problema algo que domina, está perfectamente. Lo que pasa es que se derrumba en momentos concretos. Después de que te evalúan, los días en que dormiste poco, las noches en que te quedas a solas, justo después de oír una buena noticia de otra persona.

Por eso, si solo miras la autoestima como alta o baja, no hay mucho que hacer. En cambio, si la miras como “cuándo y después de qué cae”, aparecen puntos donde intervenir. Que los momentos de caída sean fijos no es prueba de que de por sí te falte algo, sino de que es una reacción que se repite bajo ciertas condiciones. Las condiciones se pueden identificar, y si las conoces, te puedes preparar.

Los elogios van a tu yo exterior y las críticas a tu yo interior

Aquí nos sirve la idea del yo exterior y el yo interior. Todos tenemos un yo frente a los demás (el yo exterior) y un yo de cuando estamos a solas (el yo interior). Cuanto más lejos están esos dos lados, más llegan los elogios y las críticas a lugares distintos.

Cuando oyes un elogio, por dentro se te cruza algo así: “Lo dice porque solo ve lo que muestro por fuera. No sabe el caos que tuve detrás”. Como el elogio se siente como una evaluación de una fachada bien preparada, no llega hasta tu yo interior. En cambio, la crítica se siente como un “al fin me descubrieron”. Parece una frase que atravesó la fachada y tocó a tu yo de verdad, así que se clava mucho más hondo.

Así, las palabras buenas se acumulan en tu yo exterior y las que duelen, en tu yo interior. Es una estructura en la que por fuera te va bien y por dentro te vas desgastando sin parar. No pasa porque te falte algo, sino porque el lugar al que llegan las palabras está inclinado hacia un lado.

Esta estructura tiene además un círculo tramposo. Como por dentro sientes un vacío, pules todavía más tu fachada para que te reconozcan. Entonces los elogios aumentan, pero esos elogios solo llegan a un yo exterior todavía mejor pulido. La distancia entre tus dos lados más bien crece, y la sensación de que “la gente no conoce mi yo real” se hace más grande. Ahí está la razón de que, cuanto más te esfuerzas, más vacío sientes.

¿En qué matices se tambalea más seguido?

Un matiz de amplitud emocional ancha. A quien el ánimo se le sacude fuerte hasta con cosas pequeñas le es fácil tomar una sola crítica no como un juicio sobre “este asunto”, sino sobre “toda su persona”. Las conclusiones a las que llega cuando la emoción está alta se sienten mucho más pesadas de lo que son.

Un matiz muy cooperativo. Quien lee con delicadeza las reacciones de los demás suele tomar esas reacciones como su calificación. Con que al otro se le endurezca un poco la cara, siente que le bajaron puntos. Es un matiz en el que la vara para medirse se va una y otra vez hacia afuera.

Un matiz muy sociable. Quien siente que la energía le circula entre la gente se tambalea en las épocas en que disminuyen las reacciones que da y recibe. Si se encadenan fines de semana sin planes o los mensajes se vuelven escasos, aparece el “¿será que nadie me busca?”. En esos momentos, más que una caída de la autoestima, muchas veces es que se cortaron por un rato las señales que recibía normalmente.

Compruébalo tú

Piensa en las últimas una o dos semanas y cuenta cuántas de estas te pasan.

  • Cuando te elogian, lo primero que te sale es “fue suerte” o “no es para tanto”.
  • Las escenas en que te criticaron las recuerdas con nitidez, hasta con los diálogos, aunque hayan pasado días.
  • Cuanto más avanza la noche, más duros se vuelven tus pensamientos sobre ti.
  • Si alguien habla bien de ti, piensas que es porque no te conoce bien.
  • Lo que haces bien lo clasificas como ‘lo normal’ y lo que haces mal como ‘típico de mí’.
  • Los días en que tu cuerpo está cansado, las mismas palabras te duelen mucho más.

Importa menos cuántas marcaste que en qué líneas. Si marcaste la primera o la cuarta, eres del lado en que los elogios no llegan hasta adentro. Si fue la segunda o la quinta, del lado en que las críticas se clavan demasiado hondo; y si fue la tercera o la sexta, del lado en que pesan más la hora y el estado del cuerpo que la autoestima en sí. Según de qué lado seas, cambia qué conviene probar primero de los métodos de abajo.

Cinco formas de volver los días en que caes

  1. Escribe en una línea el momento de la caída. Anota solo la hora, el detonante y el estado de tu cuerpo, algo como “martes 11 de la noche, día en que recibí comentarios sobre la presentación, no cené”. Cuando se juntan unas cuantas, aparecen tus propias condiciones. Y cuando ves las condiciones, en lugar de “yo soy así” puedes decir “ah, es esa condición”. Si en la lista de arriba te salió el lado de la hora y el cuerpo, esos días basta con aplazar las decisiones importantes o las conversaciones largas para que cambie mucho.
  2. Manda los elogios a tu yo interior. En vez de “no es para tanto”, prueba a recibirlo con un “gracias, esa parte la cuidé bastante”. Y agrega por dentro una frase más: “Es cierto que hubo caos, pero quien lo resolvió y lo terminó también fui yo”. Es la práctica de conectar el elogio no con tu fachada, sino con el tú que se esforzó detrás.
  3. Reduce las críticas al tamaño de una acción. “¿Por qué soy un desastre?” es una frase dirigida a la persona entera. Cámbiala por “no puse la fuente en la tabla de la página 3”. Una frase del tamaño de una acción se puede corregir, y una vez corregida, se termina.
  4. Los juicios de la noche, déjalos para la mañana. La noche, con cansancio y a solas, es la hora en que tu yo interior está más frágil. El “no sirvo” que te llega a esa hora solo anótalo en tus notas y vuelve a leerlo a la mañana siguiente. Leído de mañana, muchas veces suena exagerado.
  5. Muéstrate ante alguien que conozca a tu yo interior. Un “aun así, lo hiciste bien” de alguien que conoce hasta el caos del proceso llega a otro lugar. Como lo dice viendo a tu yo interior y no tu fachada, te lo puedes creer. Al principio basta con soltar una sola frase, como “la verdad, mientras lo preparaba tenía muchísima ansiedad”.

No lo leas así

Este artículo no busca ponerte la etiqueta de ‘persona con autoestima baja’. Tener días en que te tambaleas no es un defecto; también significa que tienes muchas ganas de hacer las cosas bien. Que una crítica te deje una herida tampoco es raro. Recordar bien las palabras que duelen le pasa a todo el mundo, y este artículo solo habla de cómo evitar que esas palabras se extiendan a ‘toda tu persona’.

La causa tampoco está siempre solo dentro de ti. Si estás en un entorno donde te dicen una y otra vez palabras que te rebajan, quizá antes de corregirte a ti haya que revisar ese entorno.

Este artículo busca ayudarte a entenderte y no sustituye un diagnóstico psicológico. Si tus pensamientos sobre ti llevan semanas corriendo solo por el lado oscuro o pesan tanto que te cuesta sostener tu día a día, no lo aguantes a solas y habla con un profesional.

Basta con tener un camino de regreso aunque caigas

La autoestima no es un puntaje que se termina una vez que lo subes, sino algo más parecido a la fuerza para volver después de tambalearte. Si sabes dónde caes y haces que las palabras buenas lleguen hasta tu yo interior, el camino de regreso se va acortando poco a poco. Cómo construir la autoestima a largo plazo lo tratamos en Cómo subir tu autoestima · cuando proponértelo no basta, y ese sentir que se tambalea seguido por la comparación, en Me comparo todo el tiempo con los demás. El test de personalidad gratuito te muestra por separado, en cinco rasgos de personalidad, cómo eres frente a los demás y cómo eres cuando estás a solas. Al ver la distancia entre esos dos lados, se vuelve un poco más claro por qué los elogios no llegaban hasta adentro.

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