
Me comparo todo el tiempo con los demás
cómo evitar que la comparación te recorte
¿Cierras las redes y, sin saber por qué, sientes que te encoges? La comparación siempre te deja en desventaja porque pone en la misma balanza la fachada bien arreglada de los demás y tu propio detrás de cámaras.
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Abriste las redes “solo un momentito” antes de dormir. Un compañero de la universidad anunció que cambió de trabajo, alguien con quien trabajaste antes está pasando un mes en la isla de Jeju y una amiga lleva cien días seguidos subiendo pruebas de que entrenó. Todas son buenas noticias, pero para cuando dejas el celular, tu ánimo está extrañamente por los suelos. Hoy tú también tuviste un día bastante decente, a tu manera, y de repente ese día te parece poca cosa.
A veces duele todavía más porque te molesta encogerte al ver algo que merece celebrarse. Pero la comparación no se corta solo con proponértelo. En este artículo vemos por qué la comparación siempre termina dejándote en desventaja, en qué matices aparece más seguido y cómo convertir la envidia, de un cuchillo que te recorta, en información útil.
La comparación no se apaga, se maneja
Las personas estamos acostumbradas a medir nuestra posición por la distancia con los demás. Por eso la comparación es difícil de apagar del todo con fuerza de voluntad. Cuanto más te esfuerzas por apagarla, más crece el reproche de “ya me volví a comparar”.
Además, la comparación no siempre es dañina. Si al ver a alguien sientes “yo también quiero intentar algo así”, eso puede volverse la dirección de tu siguiente paso. El problema no es la comparación en sí, sino que la balanza que usamos está inclinada hacia un lado desde el principio.
Con la comparación en sentido contrario pasa lo mismo. Sentir alivio al ver a alguien a quien le va peor, con un “bueno, al menos yo estoy mejor”, también es estar parado sobre la misma balanza. Da tranquilidad un rato, pero al día siguiente, al ver a alguien a quien le va mejor, se voltea enseguida. Por eso manejar la comparación no se trata de quedarte del lado que gana, sino de practicar cómo bajarte un paso de la balanza.
En la balanza: la fachada de los demás y tu detrás de cámaras
Te lo explico con el yo exterior y el yo interior. Todos tenemos un yo frente a los demás (el yo exterior) y un yo de cuando estamos a solas (el yo interior). Pero lo que vemos de los demás casi siempre es su cara de afuera. La que eligieron fotografiar, la que pulieron antes de publicar, la que sacan cuando hay buenas noticias.
En cambio, de ti conoces también todo lo de adentro. La noche en que dejaste a medias tu búsqueda de trabajo, el registro del ejercicio que abandonaste al tercer día, las preocupaciones que no le contaste a nadie. Así, compararte siempre termina siendo poner en la balanza la fachada mejor arreglada de otros y tu detrás de cámaras sin arreglar. En esta balanza, pongas a quien pongas enfrente, tú siempre pesas menos.
Además de esto, hay otras dos cosas que inclinan la balanza.
- Los resultados de otros contra tus procesos. De otros solo ves la escena del cambio de trabajo ya logrado; de ti ves la mitad del camino, todavía preparándote. Si comparas una historia terminada con una que sigue en curso, la que sigue en curso siempre parece quedarse corta.
- El matiz fuerte de otros contra tu matiz débil. Si pones lado a lado la amplia red de contactos de un amigo muy sociable y tus relaciones pocas y profundas, las de alguien que se recarga a solas, sientes que te quedaste atrás. Pero eso no es ir adelante o atrás, sino tener un matiz distinto. Es como poner en una misma fila los récords de deportes diferentes.
Si lo piensas al revés, queda todavía más claro. Puede que alguien también haya sentido lo mismo al ver tus redes. Porque el cansancio y las pequeñas peleas que había detrás de las fotos de viaje que publicaste no se veían desde sus ojos.
¿En qué matices aparece más seguido la comparación?
Un matiz de amplitud emocional ancha. Hasta una sola publicación le sacude el ánimo con fuerza. La comparación llega como emoción antes que como pensamiento, y el ánimo del día queda definido sin tiempo de preguntarse por qué se siente así. Con este matiz, en el momento en que aparece la comparación basta con aplazar la conclusión y volver a mirarlo unos 10 minutos después para que cambie el tamaño de la emoción.
Un matiz muy sociable. Así como gana energía entre la gente, también es sensible a su lugar entre la gente. Ve con claridad a quién invitan más seguido o de qué reunión quedó fuera, y eso se convierte enseguida en comparación.
Un matiz muy cooperativo. Quien lee bien el ánimo y las expectativas de los demás también toma prestados con facilidad los criterios ajenos. El “todos” de frases como “a esta edad todos ya lograron tal cosa” se vuelve, sin que lo notes, tu propio criterio.
Leer la envidia como algo que quieres
La envidia, vista por encima, parece la señal de “me falta algo”; pero vista de cerca es la señal de “quiero esto”. Eso sí, muchas veces la escena que envidias y lo que de verdad quieres son un poco distintos. Si lo desenredas una vez, como abajo, se ve la diferencia.
| La escena que envidias | Lo que en realidad quieres | Algo pequeño para probar esta semana |
|---|---|---|
| Las fotos de tu amigo viviendo un mes en otro lugar | La sensación de salir un rato de la rutina | Pasar media jornada en un barrio que no conoces |
| La noticia de que tu excompañero de la universidad cambió de trabajo | La sensación de que estás creciendo | Anotar una cosa nueva que aprendiste en tu trabajo actual |
| Las pruebas de entrenamiento de un conocido | Un hábito constante de cuidar tu cuerpo | Diez minutos de estiramiento antes de dormir |
| Esa amiga a la que siempre se le junta la gente | La tranquilidad de tener a quién llamar con confianza | Escribirle primero a alguien con quien tenías ganas de hablar |
Visto así, se nota que lo que envidias no es la vida entera de esa persona, sino un pedazo de ella. Y ese pedazo, casi siempre, puedes empezarlo en pequeño desde donde estás.
A veces, por más que lo desenredes, no aparece nada que quieras. Son esos días en que no es que envidies algo, sino que simplemente todo lo bueno que les pasa a otros te pesa. Eso, más que una señal de ambición, muchas veces es señal de mucho cansancio. Esos días, antes que ponerte metas, conviene dormir temprano y darle un día de descanso a las redes.
Cinco formas de que la comparación no te recorte
- Cambia la primera frase. Cuando te salga el “esa persona ya llegó hasta allá y yo…”, cámbialo por la pregunta “¿qué parte de esa escena es la que envidio?”. Cuando te venga la respuesta, anótala en una línea en las notas del celular, como en la tabla de arriba. Cuando cambia la pregunta, el reproche se convierte en información.
- Evita las horas en que la comparación se agrava. El scroll acostado antes de dormir es ver las mejores escenas de otros justo en la hora en que tu yo interior está más cansado. Prueba a mover el horario: deja el celular fuera del cuarto 30 minutos antes de dormir o abre las redes solo de día.
- Oculta las cuentas que te recortan. Si hay cuentas que cada vez que las ves te ponen a hacer rankings, y dejar de seguirlas te resulta incómodo, basta con ‘ocultarlas’. La relación sigue igual; solo las sacas en silencio de tu pantalla.
- Compárate con el tú de hace un año. Busca en tu galería de fotos cómo estabas hace un año por estas fechas. Verás las preocupaciones que cargabas entonces y lo que en ese tiempo no podías hacer. La comparación con los demás no tiene fin, pero en la comparación contigo se ve lo que cambió.
- Di en voz alta tu envidia. Pregúntale a ese amigo que envidias: “eso que estás haciendo está increíble, ¿cómo empezaste?”. Muchas veces te lo cuentan con más gusto del que imaginas. En esa conversación escuchas el proceso que no salía en las fotos, y la envidia se vuelve conexión. Saca también un pedazo de tu detrás de cámaras. Si dices algo como “la verdad, yo también estaba buscando otro trabajo y lo dejé en pausa”, la conversación pasa de las fachadas a lo que cada quien vive por dentro.
No lo leas así
Compararte no significa que seas una persona muy celosa o con la autoestima baja. Es algo que todos hacemos y, hasta cierto punto, también ayuda a encontrar una dirección. Este artículo no propone eliminar la comparación, sino darte cuenta de que la balanza está inclinada.
Eso sí, si la impotencia que llega después de compararte dura semanas, o si te duele tanto que cada noticia ajena te sacude la vida diaria, no tienes que aguantarlo a solas. Este artículo busca ayudarte a entenderte y no sustituye un diagnóstico psicológico. En esos casos, habla con un profesional.
Un mapa en lugar de una balanza
No puedes impedir que aparezca la comparación. Lo que sí puedes elegir es si la usas como balanza o como mapa. La balanza que enfrenta la fachada de otros con tu detrás de cámaras siempre te hace pesar menos; en cambio, el mapa que sale de desenredar la envidia te dice hacia dónde quieres ir. Si quieres saber más sobre qué son tu yo exterior y tu yo interior, sigue con Qué significan el yo exterior y el yo interior; y si después de compararte tu autoestima se tambalea seguido, con Cuando tu autoestima baja una y otra vez. Si primero confirmas tu matiz con el test de personalidad gratuito, también se irá aflojando un poco la costumbre de ponerte en la misma fila que el matiz fuerte de los demás.
El «tú» de este artículo, ¿realmente eres tú?
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