PERSONA.MONDAY
Historias de personas

Me comparo todo el tiempo con los demás — cómo evitar que la comparación te recorte

¿Cada vez que abres las redes parece que todos viven mejor que tú? Que la comparación te deje en desventaja no es porque valgas menos, sino porque la estructura de la comparación es injusta de origen.

Abres las redes y alguien siempre está más exitoso, más guapo, más feliz. Tú estás bien, y sin embargo en unos cuantos scroll tu ánimo se encoge. "Esa persona ya está allá y yo…", ese pensamiento te va carcomiendo el día. El hábito de compararte: quieres cortarlo, pero no lo logras. Pero la comparación en sí no es mala. Muchas veces es solo una brújula de valores con la dirección mal puesta. En este artículo te explico qué es de verdad esa mente que se compara, y cómo evitar que esa comparación te recorte.

Comparar es un instinto humano de origen

Primero, puedes relajarte un poco. La comparación no es un defecto que corregir, sino una función básica del ser humano. Las personas evolucionamos para medir nuestra posición por la distancia relativa con los demás. Por eso la comparación es difícil de apagar del todo por voluntad.

Además, la comparación también tiene su utilidad. La comparación de "quiero llegar a ser como esa persona" puede volverse una brújula que te indica una dirección. El problema no es la comparación en sí, sino con quién y de qué manera comparas.

Por qué la comparación te recorta — la trampa de las redes

La comparación nos carcome, casi siempre, porque es una comparación injusta.

  • Los mejores momentos de otros vs. tu historia de detrás: lo que sube a las redes es el momento cumbre, editado. Si lo comparas con tu día corriente, con tus penas internas, claro que te ves miserable. Es comparar lo de arriba del escenario con lo de detrás del escenario.
  • La meta de otros vs. tu línea de salida: cada quien va desde una línea de salida distinta a una velocidad distinta; si comparas el punto de llegada ajeno con tu presente, no tiene fin.
  • Las fortalezas de otros vs. tus debilidades: si solo comparas el área en que eres débil con lo que otro hace bien, siempre te verás insuficiente.

Esto no pasa porque comparar sea malo, sino porque el criterio de la comparación está descuadrado.

Cómo evitar que la comparación te recorte

  • Compárate con el tú de ayer: comparar con los demás no tiene fin. Ver que hoy estás un poco mejor que el tú de ayer es la única comparación que no te tambalea.
  • Usa la comparación solo como información: cuando surja el deseo de "quiero ser como esa persona", en vez de reprenderte, úsalo como dirección. La envidia es una señal que te indica qué quieres tú.
  • Recuerda lo de detrás del escenario: si recuerdas el esfuerzo invisible de la persona que envidias, te dejarás arrastrar menos por los mejores momentos editados.
  • Gira la mirada hacia tus fortalezas: en vez de lo que otros hacen bien, tómate a propósito un tiempo para reconocer el matiz que tú tienes.

Conoce tu matiz primero — gira hacia ti la brújula de la comparación

Lo duro de la comparación es esa incertidumbre de "¿por qué siempre me encojo midiéndome con otros?". Pero si sabes qué clase de persona eres —en qué matiz brillas, qué haces bien—, podrás verte con tu propio criterio y no con el ajeno. Es girar la brújula de la comparación hacia dentro, no hacia afuera.

Ven primero a conocer tu personalidad (tu yo exterior y tu yo interior) con un test de 1 minuto. Ese matiz tuyo que no veías por andar midiéndote con otros empieza a aparecer en ese lugar que te hace pensar "esto sí que soy yo".

Este artículo busca ayudarte a entenderte y no sustituye un diagnóstico psicológico.


Lecturas que combinan bien

¿Te ha gustado esta historia?

Si te preguntas cómo es tu personalidad real

Tu yo exterior e interior, test de 1 minuto