
Cuando se encuentran el ansioso y el evitativo
por qué se atraen pero chocan
Uno quiere arreglarlo ahora y el otro prefiere hablarlo más tarde. El desencuentro entre el estilo ansioso y el evitativo no es culpa de nadie, sino un círculo en el que la forma de calmarse de cada uno dispara la alarma del otro, y aquí te cuento cómo pueden romperlo entre los dos.
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Son las once de la noche y, en plena llamada, una tontería termina en discusión. Uno dice “hoy estoy cansado, hablemos mañana” y cuelga. El otro se queda escribiendo mensajes: “Lo que dije hace rato no era con esa intención”. “Hablemos un momento, solo un momento”. “¿Por qué no contestas?”. Al ver las notificaciones una tras otra, al primero se le corta la respiración y deja el celular boca abajo. Uno pasa la noche abriendo y cerrando el chat, y el otro no logra dormirse junto a ese celular boca abajo. Ninguno de los dos quiere perder la relación, pero lo que hacen es exactamente lo contrario.
Cuando se encuentran el estilo ansioso y el evitativo, escenas así se repiten a menudo. En este artículo no vamos a mirar a cada persona por separado, sino el círculo que gira entre las dos. Por qué la forma en que cada uno se calma pone más ansioso al otro, y cómo pueden romper ese círculo juntos.
La atracción empieza en lo que al otro le falta
Al principio, esta diferencia es justamente lo que atrae. Para quien se acerca, la calma de quien se retira parece una solidez que nada mueve. Para quien se retira, la iniciativa de quien se acerca se siente como una calidez que dice “de verdad me quiere tanto”. Te atrae porque parece que la otra persona tiene justo lo que a ti te falta.
El problema llega cuando la relación se hace más profunda. Cuanto más se acercan, más se nota la distancia en la que cada uno se siente cómodo, y resulta que esas distancias son opuestas. Quien se acerca se tranquiliza cuando están bien juntos, y quien se retira se tranquiliza cuando tiene espacio para respirar. Y la forma en que uno se calma dispara la alarma del otro. Los mensajes de quien se acerca se vuelven presión para quien se retira, y el silencio de quien se retira se vuelve, para quien se acerca, el tráiler de una ruptura.
Lo más complicado es que este círculo les confirma a los dos sus miedos de siempre. Quien se acerca vuelve a vivir en esta relación un “al final, la gente siempre se aleja”, y quien se retira, un “al final, cuando te acercas te falta el aire”. Como la historia en la que cada uno ha creído siempre parece cumplirse, el círculo se vuelve más firme con cada vuelta.
Los dos están cuidando la relación
Si este círculo cuesta tanto de deshacer es porque los dos creen que están protegiendo la relación. Y es cierto. Quien se acerca siente que, si no lo arreglan ahora, la relación corre peligro, y quien se retira se frena porque siente que, si habla ahora, va a lastimar más.
Si lo miras desde los matices, la diferencia se vuelve todavía más clara. A un matiz de amplitud emocional ancha le cuesta mucho irse a dormir con la herida todavía a flor de piel. La emoción que no se ha calmado se siente como una señal de peligro, y aparecen las ganas de confirmar cuanto antes que todo está bien. En cambio, quien se cierra hacia adentro cuando sube la emoción solo logra hablar después de calmarse. Por fuera puede parecer tranquilo, pero por dentro ya está a tope, y si encima le cae una pregunta más, se le corta la respiración. Uno se calma cuando lo resuelven, y el otro solo puede resolverlo cuando ya se calmó.
Un mismo momento, los dos lo viven así de distinto.
| Situación | Lo que siente quien se acerca | Lo que siente quien se retira |
|---|---|---|
| Justo después de discutir | Si no lo arreglamos ahora, siento que se acaba | Si hablo ahora, siento que nos vamos a lastimar más |
| Cuando pasan horas sin respuesta | Seguro está enojado conmigo | Estoy juntando fuerzas para contestar |
| “Tenemos que hablar” | Son palabras para cuidar la relación | Se siente como pasar a juicio |
| Cuando el contacto se corta un rato | Me está apartando | Estoy buscando dónde recuperar el aire |
| Cuando la discusión parece cerrada | Quiero escuchar que de verdad quedó resuelto | Ojalá no lo volvamos a sacar |
Las dos columnas de la tabla son sinceras. El problema es que ninguno conoce la columna del otro. Cuanto más pregunta quien se acerca, más retrocede quien se retira, y al ver ese paso atrás, quien se acerca se angustia todavía más. Es un círculo en el que no se puede decir quién empezó. Por eso la pelea de “quién empezó” nunca termina: los dos recuerdan que fue el otro.
Señales de que están dentro de ese círculo
Si varias de estas frases suenan a su historia, es muy posible que en realidad no estén peleando entre ustedes, sino contra este círculo.
- El “¿por qué no me contestas?” o el “¿por qué me presionas tanto?” termina siendo una pelea más grande que el motivo de la discusión.
- Cuanto más callado se queda uno, más largos se vuelven los mensajes del otro.
- La reconciliación siempre termina igual: la misma persona pide perdón primero.
- En las épocas buenas, los dos sienten que “de verdad nos llevamos increíble”.
La última frase es especialmente importante. Que haya épocas buenas, y de verdad las hay, no significa que no encajen para nada. Solo chocan las respuestas que cada uno saca en los momentos de tambaleo, y esas respuestas son mucho más fáciles de cambiar que la personalidad.
Cinco acuerdos para romper el círculo
Este círculo difícilmente se rompe si solo una persona hace el esfuerzo. Hacen falta acuerdos que decidan juntos. Y esos acuerdos conviene hacerlos cuando están bien, no en medio de una pelea.
- Acuerden juntos una señal de pausa y una hora de regreso. Si en medio de una discusión a uno le resulta demasiado, dice “pausa” y él mismo fija cuándo va a volver. “Ahora mismo no me salen las palabras. Déjame descansar una hora y te llamo a las diez.” Quien se retira se siente menos acorralado porque puede detenerse, y quien se acerca se angustia menos porque sabe que no es un final sino una pausa. Eso sí, la hora acordada hay que cumplirla sin falta. Cada vez que se cumple, los dos confían un poquito más en esta regla.
- Conviertan la queja en una sola acción. “¿Por qué nunca me escribes?” culpa a la personalidad del otro, así que solo provoca que se defienda. Si lo conviertes en una acción concreta, como “¿me mandas una línea cuando llegues a casa después del trabajo?”, es mucho más fácil de cumplir. Para quien se retira funciona igual. En vez de “déjame en paz”, decir “los domingos en la tarde quiero descansar a solas” le permite al otro prepararse de antemano.
- Pónganle nombre al círculo. Cuando termine la discusión, cualquiera de los dos puede señalarlo: “Otra vez nos pasó lo de siempre. Yo pregunto y pregunto y tú te vas quedando en silencio”. También sirve ponerle un apodo que solo ustedes conozcan. Cuando la culpa pasa de la otra persona al círculo, aunque discutan por lo mismo, quedan del mismo lado.
- De vez en cuando, den un paso hacia el lado contrario. Quien se acerca puede, algún día de ansiedad, salir a caminar antes de mandar el mensaje, y quien se retira puede, alguna vez, escribir primero un “¿cómo te fue hoy?” antes de que el otro pregunte. Es un paso pequeño, pero para la otra persona es la experiencia de ver que el círculo se detiene.
- Creen un pequeño contacto fijo. Algo como “antes de dormir, cada uno manda una línea sobre su día” o “una foto camino al trabajo”: un contacto pequeño que va y viene a la misma hora todos los días. Si sabe cuándo va a llegar el mensaje, quien se acerca revisa menos el celular entre medio, y como quien se retira solo tiene que cumplir con lo acordado, se siente menos perseguido. El truco es que sea lo bastante pequeño como para que los dos puedan cumplirlo sin esfuerzo.
No lo leas de esta manera
El estilo ansioso y el evitativo, más que tipos de personas, se parecen a los lugares que cada uno terminó ocupando dentro de esta relación. Una misma persona, con alguien distinto, puede quedar del lado contrario. Así que, por favor, no los uses para definir al otro con frases como “contigo no se puede porque eres evitativo”. Tampoco es que esta combinación esté condenada a chocar. Dos personas que conocen el círculo y saben manejarlo terminan aprendiendo, más bien, lo que a cada uno le falta. Quien se acerca aprende la calma de esperar, y quien se retira, el valor de quedarse.
Hay algo que quiero dejar claro. Si en las peleas aparecen amenazas, insultos o control sobre con quién hablas o adónde vas, eso no es una diferencia de matices. En ese caso, tu seguridad va antes que cualquier cosa de este artículo, y lo que corresponde es pedir ayuda a alguien de confianza o a un profesional de la psicología. Y cuando el círculo está tan firme que entre los dos no logran deshacerlo, ir juntos a terapia también puede ser una buena decisión.
Cuando conocen el ritmo de los dos
El desencuentro no nace de que falte amor, sino de que dos personas que se calman de maneras distintas se mueven, en el mismo momento, a ritmos diferentes. Cuando conocen ese ritmo, pueden volver a acompasar el baile. Si tienes curiosidad por lo que pasa por dentro de cada lado, lee por separado Cada vez que tengo pareja me angustio y me obsesiono y Lo quiero, pero termino tomando distancia.
Si cada uno hace por su cuenta el test de personalidad gratuito, aparecen por separado el yo frente a los demás y el yo a solas. Al ponerlos lado a lado, se ve quién se sacude más y en qué lugar.
Este artículo busca ayudarte a entender tus relaciones y no reemplaza un diagnóstico ni un tratamiento psicológico.
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