
¿Seré demasiado sensible?
la sensibilidad quizá sea señal de que sientes hondo
¿Te llega todo, hasta los ruidos pequeños y los cambios de expresión, y por eso te cansas con facilidad? La sensibilidad es un matiz que recibe el mundo en alta resolución, y si la divides en notar, darle sentido y quedarte con eso, aparece dónde puedes intervenir.
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El zumbido del aire acondicionado de la sala de juntas, el compañero de al lado tecleando más fuerte que de costumbre, el instante mínimo en que tu jefa se quedó en pausa mientras escuchaba tu informe. Los demás terminan la reunión y salen como si nada, pero a ti esa pausa te queda dando vueltas el día entero. En la noche se lo cuentas a una amiga y lo que te responde es esto: “¿No estarás siendo un poco demasiado sensible?”.
Te duele más porque sientes que no está del todo equivocada. Pero ¿qué es exactamente lo que hace distinta a una persona sensible? En este artículo vamos a dividir la sensibilidad en tres etapas para ordenar hasta dónde llega la sensibilidad con la que naciste y desde dónde empieza la parte que sí puedes manejar.
La sensibilidad es tener una resolución alta
Una persona sensible recibe más información de una misma escena. La textura de un sonido, la temperatura con que termina una frase, el instante en que cambia una expresión, hasta el momento en que el aire de un cuarto se vuelve distinto. Si fuera una pantalla, sería una de alta resolución. Por eso nota antes lo que los demás pasan por alto, y una sola escena de una película o unos pocos versos de una canción la conmueven hondo. Es un matiz que siente las emociones de forma profunda y delicada.
Con una resolución alta, también hay más información que procesar. Aunque pases la misma hora que los demás, lo que recibiste es más, así que te cansas antes. Si en los lugares con mucha gente eres de los primeros en quedarte sin energía, no es por debilidad, sino porque procesaste más.
La sensibilidad también tiene direcciones. Está la sensorial, que reacciona primero a los sonidos, la luz, los olores y la cantidad de gente; la relacional, que reacciona primero al tono, las expresiones y los cambios de ambiente; y también la estética, que se sumerge a fondo en la música, las historias o los paisajes. Hay quien es muy sensible en las tres, pero casi siempre destacan una o dos. Si sabes hacia qué lado va tu sensibilidad, se vuelve mucho más claro qué reducir y en qué usarla.
Notar, darle sentido y quedarte con eso
Si ves la sensibilidad como un solo bloque, te quedas en el “yo soy así”. Si la divides en tres etapas, aparece dónde puedes intervenir.
- Notar. Es el momento en que viste la pausa de tu jefa. Pertenece al terreno de la sensibilidad de base, así que no cambia fácilmente, y tampoco hace falta cambiarlo.
- Darle sentido. Es el momento en que lo interpretas como “seguro mi informe no le gustó”. Que hizo una pausa es un hecho, pero la razón todavía no la sabes. Quizá tenía sed, quizá se acordó de su siguiente pendiente.
- Quedarte con eso. Es cuando esa interpretación te sigue en el camino a casa y hasta la hora de dormir. Que al día siguiente, en cuanto ves la cara de tu jefa, se te venga otra vez esa escena también pertenece a esta etapa. Si además tienes un matiz de amplitud emocional ancha, este eco dura especialmente mucho.
Si recuerdas los momentos en que la sensibilidad te hizo pasarla mal, casi siempre te agotaste en la segunda y la tercera etapa, no en la primera. Si dejas intacta tu capacidad de notar y solo trabajas en darle sentido y en el eco, todo se vuelve mucho más ligero.
La misma escena, distintas resoluciones
| Escena | El matiz que lo recibe todo con delicadeza | El matiz que lo recibe todo con tranquilidad |
|---|---|---|
| Cuando la respuesta de una amiga es más corta que de costumbre | Notas enseguida que cambió el tono y buscas la razón | Piensas que debe estar ocupada y lo dejas pasar |
| Dos horas en una cafetería llena | Te llega todo, la música, la conversación de al lado, el ruido de los platos, y te cansas rápido | Lo escuchas como ruido de fondo |
| Cuando alguien del trabajo parece estar pasándola mal | Lo notas antes que nadie y te ocupas | Si no te lo dicen, no te das mucha cuenta |
| Después de ver un buen espectáculo | El eco te dura varios días | Dices “estuvo bueno” y vuelves a la rutina |
Ninguno de los dos lados es malo. La misma sensibilidad en algunas escenas se vuelve cansancio y en otras, una habilidad que los demás no tienen. Quien detecta antes que nadie una frase torpe en un informe, la inconformidad sutil de un cliente o el temblor en la voz de una amiga cuando dice que está bien es justamente este matiz. Donde el matiz tranquilo pasa sin preocuparse, el matiz delicado se ocupa una vez más.
Una estructura: afuera, hacer como que todo está bien; a solas, procesarlo todo
Entre las personas sensibles, hay muchas que afuera no parecen sensibles en absoluto. El yo frente a los demás dice “a mí donde sea me da igual”, aguanta los lugares ruidosos y deja pasar con una risa los comentarios que le molestan. Incluso, por miedo a que le digan sensible, a veces finge ser todavía más tranquilo.
Pero la información que recibió ese día no desaparece así nada más. Cuando se queda a solas, el yo de adentro la saca una por una y la procesa. Es como si, en la medida en que el yo de afuera aguantó, el trabajo pasara al yo de adentro. Por eso, los días en que ves gente, el corazón sale del trabajo más tarde que el cuerpo.
Y por eso a una persona sensible un “eres muy sensible” le suena todavía más injusto. Porque afuera ya llevaba mucho rato aguantando. En un mismo lugar, la persona sensible estaba haciendo dos cosas a la vez: recibirlo todo y aguantarlo.
Cinco maneras de manejar la sensibilidad
- Empieza por reducir lo que entra. En una cafetería, está bien elegir una mesa contra la pared o en una esquina. Una sola frase como “¿nos sentamos allá, donde hay menos ruido?” te ahorra dos horas de cansancio. Llevar audífonos o tapones para los oídos funciona igual. Si tu sensibilidad es del lado relacional, lo que hay que reducir es otra cosa. Si silencias las notificaciones del chat grupal y lo revisas todo junto en momentos fijos, se reduce la cantidad de veces que reaccionas a cada tono de cada mensaje.
- Separa en palabras lo que viste del sentido que le diste. Ordénalo por dentro así: “Vi que mi jefa hizo una pausa. Que haya sido por mi informe es el sentido que yo le di”. Con solo separar las dos frases, se ve que la interpretación no es definitiva.
- Arma tres interpretaciones posibles. Cuando hay una sola interpretación, se siente como la respuesta correcta. “¿No le gustó el informe? ¿Estaba pensando en la siguiente reunión? ¿Simplemente estaba cansada?” Cuando las posibilidades son tres, la primera interpretación pesa menos. No se trata de obligarte a creer lo más positivo. Es practicar dejar sin saber lo que todavía no sabes. Como una persona sensible nota las cosas muy rápido, también tiende a sacar conclusiones muy rápido, así que se trata de dejar un pequeño espacio en blanco entre una cosa y la otra.
- Ten preparada una frase para cuando te digan “sensible”. “Sí, soy algo sensible a los ruidos. Con solo cambiarme de lugar, estoy bien.” No es una excusa ni una disculpa, es una explicación. Cuanto más corta y tranquila la digas, más ligera la recibe la otra persona. Aunque te pregunte “¿tanto así?”, no hace falta que te esfuerces en convencerla. No tienes que demostrarle a nadie tu sensibilidad.
- Después de un plan con mucha gente, deja un tiempo libre. Los días en que hay un evento o una reunión, no pongas otro plan después. Si ya tienes un lugar reservado para ordenar lo que recibiste, el eco que arrastras hasta el día siguiente se reduce. Si tienes planes seguidos, mete aunque sea veinte minutos de caminata a solas entre uno y otro. Aunque sea corto, lo importante es que haya un respiro en el que deje de entrar información.
No lo leas de esta manera
Ser sensible no significa ser una persona quisquillosa ni exagerada. Pero tampoco significa que una persona sensible sea más profunda o mejor que una persona tranquila. Solo tienen una sensibilidad distinta. Si empiezas a usar el “es que soy una persona sensible” como razón de cualquier incomodidad, terminas descuidando incluso las partes que sí puedes manejar.
Si se repiten los días en que no logras dormir bien, o si los ruidos o la gente te hacen tan difícil ir a trabajar o salir de casa, no lo dejes pasar como un tema de forma de ser: habla con un médico o con un profesional de la psicología. Es un espacio para buscar juntos maneras de reducir la incomodidad.
Si lo que tienes especialmente desarrollado es leer expresiones y ambientes, lee Me fijo demasiado en lo que piensan los demás, y si después de ver gente sueles quedarte sin batería, lee también Soy introvertido, pero no es que me caiga mal la gente.
La sensibilidad no se apaga, se regula
La sensibilidad es la capacidad de recibir el mundo con más detalle. No la puedes apagar, pero regular cuánto entra y aligerar el sentido que le das son cosas que sí cambian bastante con práctica. Basta con dejar intacta esa fuerza de notar antes y sentir hondo, e ir quitando poco a poco solo lo que te agota. El test de personalidad gratuito te muestra por separado, en cinco rasgos de personalidad, cómo eres frente a los demás y cómo eres a solas. Cuando veas cuántas cosas procesaba por dentro ese yo que afuera hacía como que todo estaba bien, quizá puedas ser un poco más amable contigo.
El «tú» de este artículo, ¿realmente eres tú?
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